Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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racionalidad instrumental, cultura de masas y dominación social, mientras que Claude Lefort ana-
lizó la naturaleza del poder en las sociedades democráticas y sus diferencias respecto de los regíme-
nes totalitarios. Más recientemente, estudios históricos y sociológicos de autores como Ian Kershaw,
Enzo Traverso y Emilio Gentile han ampliado nuestra comprensión de las dinámicas políticas, cul-
turales y simbólicas que favorecen la emergencia de formas extremas de autoritarismo.
Sin embargo, el desafío contemporáneo no consiste únicamente en comprender el totalitarismo del
siglo pasado. También exige repensar las nuevas manifestaciones del autoritarismo en un contexto
global marcado por la polarización política, la erosión de la confianza institucional, la expansión de
la desinformación y el fortalecimiento de liderazgos que cuestionan los principios del pluralismo
democrático. Aunque las circunstancias históricas actuales difieren de las que dieron origen a los
regímenes totalitarios europeos, persisten tendencias que justifican una vigilancia intelectual cons-
tante: la concentración del poder, la deslegitimación de la oposición, el debilitamiento de los con-
trapesos institucionales y la construcción de discursos que identifican enemigos internos o externos
como fundamento de la cohesión política.
Teorizar sobre el autoritarismo sigue siendo, por ello, una tarea urgente. No se trata solamente de
clasificar regímenes o describir procesos históricos, sino de comprender los mecanismos mediante
los cuales las sociedades pueden habituarse a la restricción de derechos, a la exclusión de determi-
nados grupos y a la reducción de los espacios de deliberación pública. La filosofía conserva aquí
una responsabilidad fundamental: ofrecer conceptos críticos para interpretar el presente, cuestio-
nar las formas de dominación y defender las condiciones que hacen posible la libertad política.
Este número de la revista Protrepsis, se invita a reflexionar sobre Auschwitz no como un episodio
concluido y distante, sino como una advertencia permanente. Ochenta años después, la memoria
de los campos de concentración continúa interpelándonos porque recuerda que la democracia, los
derechos humanos y la dignidad de las personas no son conquistas definitivas. Su preservación de-
pende de la capacidad colectiva para comprender el pasado, examinar críticamente el presente y
resistir toda forma de autoritarismo, en cualquier punto geográfico, modalidad y época en que éste
se presente.
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