Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
79!
!
ISSN: 2007-9273
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026) 79 - 94
Recibido: 03/01/2026
Aceptado: 13/05/2026
Ensayo: El gesto del velo: observaciones acerca de la
imagen en el frontispicio del Vergilius Ambrosianus de
Petrarca, por Simone Martini
Rosa Gutiérrez 1
1 Institución educativa SEK/Universidad Complutense de Madrid
Madrid. España
E-mail: rosagu01@ucm.es
https://orcid.org/0000-0001-5000-3435
Resumen:
El presente artículo investiga el frontispicio del Vergilius Ambrosianus de Francesco
Petrarca, iluminado por Simone Martini, atendiendo al gesto de Servio al descorrer un velo y su
función en la configuración de la escena de lectura. A partir del examen conjunto de la miniatura,
los dísticos petrarquistas y las fuentes filológico-teóricas asociadas al velo y al fantasma, el trabajo
permite pensar la imagen como un régimen de aparición que sostiene la presencia sin anular el
secreto.
Palabras clave
: Velo, imagen, aparición, Petrarca, Simone Martini, Servio, fantasma.
Abstract:
This article examines the frontispiece of Francesco Petrarch’s Vergilius Ambrosianus,
illuminated by Simone Martini, focusing on Servius’s gesture of drawing aside a veil and its role in
the visual and conceptual configuration of the scene of reading. Through a close analysis of the
miniature, Petrarch’s Latin couplets, and selected philological and theoretical sources concerning
the veil and the phantasm, the study articulates an understanding of the image as a regime of ap-
pearance that sustains presence while preserving secrecy.
Keywords:
Veil, image, appearance, Petrarch, Simone Martini, Servius, phantasma.
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
80! ! !
!
Una antropología del deseo
Nullus apud hunc poetam versus sine tegmine est1
Petrarca
Nihil potest homo intelligere sine phantasmata2
Aristóteles
!
Ilustración 1. By Simone Martini - The Yorck Project (2002) 10.000 Meisterwerke der Malerei (DVD-ROM),
distributed by DIRECTMEDIA Publishing GmbH. ISBN: 3936122202., Public Domain, https://com-
mons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2356142
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
1 “Casi ningún verso en este poeta existe sin velo”.
2 “El hombre no puede inteligir nada sin imágenes”.
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
81!
!
No resulta evidente, al primer contacto con el frontispicio virgiliano de Simone Martini (Petrarca,
ca. 1300-1340), que en esa escena aparentemente serena se esté dirimiendo algo más que una
imagen de autor, algo más incluso que una alegoría humanista de la inspiración poética, pues todo
en ella parece orientado a una calma casi pastoral, a una suspensión del gesto que no parece
reclamarnos, al menos no todavía, una interpretación inmediata. Allí nos encontramos a Virgilio
reclinado, sujetando un libro abierto sobre su regazo, con un gesto ensimismado y la pluma
detenida en el aire. Su mirada elevada hacia el cielo, quizá soñando despierto, puede resultar
engañosa al lector pues cuanto más se demora la mirada en esa quietud más se advierte que la
imagen no se organiza en torno a este hombre soñador, sino en torno a otro gesto lateral,
engañosamente secundario, que acaba por absorber silenciosamente toda la carga conceptual de la
escena: el gesto de Servio al descorrer la cortina.
No es de extrañar que Petrarca, muy dado al misterio, depositara toda su confianza en su gran
amigo Simone Martini para esta tarea. La profunda admiración de Petrarca hacia su amigo pintor
está suficientemente documentada y se manifiesta, sobre todo, en sus glosas marginales a la
Historia Natural de Plinio el Viejo, donde se refiere a él como nostro dilectissimo Simone
Senensi3 (Petrarca, ca. 1350) calificándolo de Apeles moderno. Esta estima, fundamentada en
parte por un marcado interés por el retrato realista, llevó al poeta a confiarle, además de esta y otras
obras, la creación de la imagen de su amada Laura, de la cual afirmó que el artista logró capturar su
belleza con tal fidelidad que parecía haberla contemplado directamente en el paraíso (Israëls, 2022:
153-156).
La inclinación de Petrarca hacia lo oculto y lo jeroglífico debemos rastrearla fácilmente en la
influencia de su hermano Gerardo, monje cartujo en Montrieux (Perino, 2023: 890, 1104), cuya
entrada en la vida monástica, documentada en el año 1343 obligó al poeta a confrontar lo que
Perino ha llamado su propia discordia intestina, esto es, una pugna vital entre el deseo de gloria
mundana y aquel anhelo a la más alta pureza espiritual. Tensión vital recogida en su obra De otio
religioso, escrita para la comunidad de su hermano, donde precisamente teorizará el ocio como una
“disposición interna que requiere de la liberación de las pasiones” que tiene como fin lograr la
trascendencia (Perino, 2023: 887, 934).
Bien, pues, podríamos pensar que esta miniatura tan solo ilustraría puramente un pasaje de
Virgilio, pero sería superficial situarnos cómodamente en este análisis pues aquí la imagen no
acompaña al texto; se instala, más bien, en ese lugar extraño y tan propio del manuscrito humanista
temprano donde se experimenta la lectura misma, es más, la experiencia estética de la lectura en
todo su esplendor (Gargano, 2012: 33-69). Fijémonos en que
Virgilio aparece recostado bajo un
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
3 “Nuestro deleitabilísimo Simone, el sienés”.
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
82! ! !
!
árbol, coronado del consabido laurel, con el códice abierto sobre su regazo y, como ya hemos dicho,
con la pluma alzada, pues no escribe, o no escribe todavía. La postura suspende la acción en un
tiempo previo, como si el poema estuviera a punto de suceder de nuevo, pero sin consumarse aún.
A su lado, Servio, su comentarista, va a apartar una cortina a cuadros que atraviesa el campo visual
como un decorado un tanto abrupto, y se nos permite observar una barra rígida y una teatralidad
injertada sobre un paisaje que hasta entonces nos parecía bastante natural. Ese velo es el asunto
que aquí nos ocupa.
Alguien va a retirar la cortina y en ese desplazamiento mínimo, todavía no cumplido, pero radical,
logra que la escena se sustraiga a la jurisdicción de la mera iconografía pura, entendida ésta como
el inventario de todos los qué posibles, para inscribirse en una interrogación estrictamente
ontológica sobre la imagen. Dicho de otra manera: lo que aquí se pone en juego es la estructura
misma de la aparición, es decir, una forma de visibilidad donde el acto de desvelar no persigue la
transparencia del objeto ni se resuelve en la evidencia de la desnudez como tal. No nos ocupará, o
tan solo nos requerirá tangencialmente, la labor de analizar qué oculta el velo como tal, pues el velo
no es un qué, sino un cómo. Por el contrario, nos enfrenta a una mostración que preserva el latido
de lo oculto, un desvelamiento que no podrá agotar el secreto mismo porque lo instituye como la
condición de posibilidad de la mirada. Sí, Servio conforma la presencia del poeta antiguo que
comparece a través del comentario, a través de la gramática también y a través de una operación de
lectura que se sabe segunda y, sin embargo, constitutiva, pero esta mediación de Servio dice más:
nos recuerda que el acceso a lo antiguo no podrá provenir de una visión directa, que precisará de
una aparición mediada por la palabra, y mediatizada a su vez por el lenguaje del arte.
Esta atmósfera de suspensión no es accidental. Pensemos que, para el humanismo temprano, la
lectura lejos de suponer una actividad pasiva implicaba un proceso de progresivo desvelamiento.
Como veremos, Petrarca participa plenamente de esta concepción profundamente atraído por la
idea de que la verdad poética se protege bajo un velo. Los humanistas lo habían llamado
integumentum, que si bien tiene raíces en Cicerón (De oratore I, 35, 161) fue un concepto
sistematizado por autores como Bernardo Silvestre y Giovanni Boccaccio, para definir aquella
relación metafórica entre la superficie narrativa y la verdad profunda que protege toda escritura. Y
encontró en Simone Martini a su intérprete ideal. No es de extrañar que el poeta, dado a valorar el
misterio como una forma de elevar el intelecto, depositara su total confianza en él, pues esta
afinidad se basaba en una comprensión compartida de que el arte en definitiva era a la postre un
gran misterio. De hecho, recordemos como ejemplo bastante representativo de esto que decimos,
que en el políptico de San Francesco en Orvieto un querubín sostiene un libro con palabras sin
sentido y deliberadamente confusas, lo que sin duda respondía a un programa basado en la teología
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
83!
!
de San Buenaventura donde el mensaje divino the message of cherubim could only be translated
to humankind via the lower angelic echelons4 (Israëls, 2022: 142).
!
Ilustración 2. Simone Martini. Orvieto polyptych (Detalle). Dominio público.
Petrarca se veía a sí mismo en una posición intermedia frente a la radicalidad de su hermano como
nos deja entrever en su égloga Parthenias, en la que Gerardo comparece bajo el nombre de Mónico
transmutado en una suerte de monóculo que ha decidido renunciar al ojo de lo terrenal para habitar
el silencio ensordecedor de la cartuja, ese mundo superior y trascendente (Perino, 2023: 887, 934).
Esta ironía literaria, cargada de cariño, es también una declaración de principios pues su hermano
busca una visión divina sin mediaciones, pero Petrarca hace gala de aquel literarum negotium, una
soledad más poblada, aunque de sombras, pues dialoga con los muertos haciendo de la gramática
su propia disciplina espiritual pues el refinamiento del lenguaje supone a la postre la elevación del
alma. Petrarca lo soluciona mediante la instauración de, digamos, una zona de sombra, un espacio
del umbral y del límite.
Lo que Agamben hace es dar forma teórica a una intuición ya operativa en la psicología aristotélica
y medieval: que el ser humano no se relaciona con lo real de manera inmediata, sino a través de una
instancia mediadora —el pneuma o espíritu— que constituye el lugar mismo de la experiencia. Este
vehículo sutil, una suerte de vapor que conecta el cuerpo con el alma, tiene por función la de recibir
las impresiones sensibles y transformarlas en imágenes internas, a las que llamamos fantasmas. Así,
el deseo petrarquista no se dirige al objeto físico (ya sea Laura, la Antigüedad o la poesía clásica),
sino a la imagen-huella que este espíritu ha fabricado en esa zona intermedia, casa de velos, límite
y umbral.
Esta antropología del deseo se asienta sobre una fractura ontológica insalvable, inscrita en una larga
tradición que Agamben rastrea, pasando de Galeno hasta Aristóteles. Recordemos que en la
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
4 “El mensaje de los querubines solo podía ser traducido a la humanidad a través de los escalones angélicos inferiores,
según Buenaventura” (traducción propia).
Ilustración 2 Detalle
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
84! ! !
!
concepción aristotélica, el alma es incapaz de aprehender lo inteligible si no es a través de ese
cuerpo sutil que es el fantasma. No debemos entender que se trate de una mera copia degradada
de lo real, sino de un movimiento que alumbra (luz interior: phaos) la mente con la misma luz que
ilumina los objetos exteriores, pero bajo un régimen radicalmente distinto: la ausencia de materia
(Aristóteles, 1995a: 429a). Para Petrarca, el hombre es ese animal phantasticus en una fórmula
derivada de la tradición aristotélica de la phantasiaque necesita de las imágenes para pensar en
el tiempo lo que está fuera de él, convirtiendo la imaginación en una facultad intermedia que
participa tanto de la sensación como de la idea (Aristóteles, 1995a: 432a).
Petrarca compartía de una manera muy personal esta concepción de la ceguera del alma y la
sordera del cuerpo. El alma, en su condición inmaterial de puro pensamiento, carece de órganos
para tocar la densidad del mundo sensible, mientras que al cuerpo, atrapado en su propia facticidad,
le resulta imposible traducir sus impresiones al lenguaje de las ideas. Ante esta imposibilidad de
contacto directo entre naturalezas disímiles se evoca el pneuma como la necesaria solución a esta
tragedia antropológica primigenia. En este proceso de sublimación neumática la fantasía actúa
como la parte hacedora de imágenes (figurae) que permite al pensamiento operar sobre las
impresiones sensoriales una vez que estas han sido despojadas de su peso material. El fantasma es,
por tanto, la condición necesaria de la inteligencia, un dibujo o xographema que se impone con
autonomía y que, en la antropología petrarquista, justifica que el deseo se desvíe del cuerpo rudo
hacia el simulacro. Si, como afirma el Estagirita, “el intelecto es una especie de fantasía” (phantasia
tis), la tradición que Petrarca hereda decreta que la verdad solo puede comparecer “sin materia”
(Aristóteles, 1995a: 432a), y de hecho, la visión que Servio desvela en el frontispicio no puede ser
otra cosa que este fantasma lúcido: una imagen que, al ser “medio sensación y medio idea” logra
sostener la presencia de lo antiguo sin pretender la posesión de su verdad desnuda, pues el alma
solo encuentra su objeto allí donde la luz interior se proyecta sobre el velo de la memoria (Serés,
1996: 210).
Servio encarna el límite ético y estético del humanista; su mano detiene el desvelamiento, evitando
la desnudez de la forma. No podemos decir tampoco que Servio, con su traducción, haga visible
nada en particular pues “las imágenes no son ni pura ilusión ni toda la verdad, sino ese aleteo
dialéctico que agita siempre el velo con su desgarro(Didi-Huberman, 2003: 103). El gesto de
Servio no oculta como tampoco revela. Su mano se presta a descorrer un velo que, en última
instancia, lo hace comparecer bajo la condición del secreto. Se presenta, por lo tanto, y no se
presenta a la vez. La descripción vívida (¿de qué?) reside en poner ante los ojos lo ausente, pero
debemos advertir que en el contexto petrarquista esta puesta en escena no puede ejecutarse
mediante la desnudez. La hipotiposis es, aquí, la capacidad de la imagen para señalar su propia
profundidad mediante el ocultamiento de y el velo el lugar de la evidencia pues permite el
misterio sin profanarlo. Para Petrarca, la inteligencia en su forma más alta debe aprender a no
devorar aquello que contempla. De ahí que el desvelamiento no deba ser entendido como una
simple operación óptica, sino más bien como una ascesis de la mirada o, lo que es lo mismo, como
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
85!
!
una disciplina del límite. La hipotiposis aquí no pone lo ausente como si lo materializara, pone la
ausencia en forma visible sin abolirla. Es decir, se instaura un ver-no ver que preserva el espacio
vacío y fantasmático.
Un soplo que agita el velo
Acudamos al soneto LXXVII del Canzoniere que dedica Petrarca a su amigo Simone. La belleza
de Laura es celestial, como afirma el propio poeta: Ma certo il mio Simon fu in paradiso, / onde
questa gentil donna si parte5 (Petrarca, 2005b: 77, 5-6). La belleza de su compañera excede lo
terrenal y exige, para ser representada, una mirada que se aparte de lo mundano. Así, continúa
elogiando el retrato que, como testimonio, certifica que la belleza que fue capaz de ritrarre in
carte6 podría parecer increíble en la tierra (Petrarca, 2005b: 77, 7). Aquí, el añadido que viene a
continuación no puede resultarnos indiferente pues nada más proclamar el origen celestial de su
amor continúa exclamando: ove le membra fanno a l’alma velo7 (Petrarca, 2004: 77, 11). Y es que
incluso cuando la imagen fija los rasgos los miembros—, lo que muestra es un velo. El cuerpo, por
perfecto que sea, no agota lo que Laura es, sino que remite a un interior que permanece retirado.
Petrarca define el acto creativo como un velo en sí mismo:
Officium eius (poetae) est fingere, id est componere atque ornare, et veritatem rerum, vel
mortalium, vel naturalium, vel quarumlibet aliarum artificiosis adumbrare coloribus, et velo
amoenae fictionis obnubere, quo dimoto veritas elucescat, eo gratior inventu, quo difficilior sit
quesitu.8 (Petrarca, 2005g: XII,2; énfasis del autor).
La oposición decisiva no reside, por tanto, en un mero fictio versus veritas, sino en una diferencia
interna a la verdad pues ésta puede presentarse desnuda o adumbrada por colores artificiosos pero
en ningún caso el poeta altera su sustancia sino su régimen de aparición. Serés ya se encargó de
subrayar que Petrarca rechaza expresamente la identificación de este fingimiento que es
constitutivo del arte con un vulgar mentiri, pues solo los indocti confunden velo con engaño:
“nullus apud hunc poetam versus sine tegmine est9 (Petrarca, 2005g: IV, 5, 13). El uso de tegmen
aquí refiere a cualquier revestimiento de carácter retórico-poético (ya sea figura, ficción, alegoría u
ornato) que cubre y a la vez deja entrever un sentido más hondo.
Este movimiento parece responder a una sensibilidad que late en el pensamiento de la época: la
sospecha de que la verdad no debe ser algo que se expone vulgarmente. En la praxis de Simone
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
5 “Mas cierto es que mi Simone estuvo en el paraíso, de donde procede esta gentil señora” (traducción propia).
6 “Retratar en papel”.
7 “Donde los miembros hacen al alma velo”.
8 “Su oficio (el del poeta) es fingir, es decir, componer y adornar, y esbozar la verdad de las cosas, ya sean mortales o
naturales, o cualesquiera otras, con colores artificiosos; y cubrirla con el velo de una agradable ficción, para que, retirado
ese velo, la verdad resplandezca, tanto más grata de hallar cuanto más difícil haya sido buscarla”.
9 “Casi ningún verso en este poeta está sin cobertura”.
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
86! ! !
!
Martini, el cuerpo y la materia dejan de ser obstáculos opacos para convertirse en lo que en el
entorno de Petrarca se denominaba un corpóreo velamen (Petrarca, 2005c: IX, 5). Antes de
proseguir con nuestras reflexiones, y a fin de ser precavidos con el uso de terminología muy
variopinta, debemos recordar que velamen no debe ser entendido como un sinónimo decorativo de
velo como aquí nos estamos refiriendo, por ejemplo, al velo de Servio y en un sentido más abstracto
a todo velamiento metafórico, sino un término heredado de la tradición latina. La familia léxica
(velamen/tegmen/figmentum) nombra, en distintos registros, el revestimiento formal que permite
que la verdad aparezca “en otra especie”, desviada por obliquis figurationibus10 (Petrarca, 2005e:
I, 5). Por ello, que la verdad llegue figurada no significa que sea menos verdad, significa que
comparece según una ley propia de la poesía, capaz de decir sin desgarrar (Petrarca: 2005e: I, 5).
Conviene insistir, además, en que este velamen es mediador y se opone a la profanación, pues en
la concepción humanista aquello que se ofrece desnudo se degrada en el tránsito del sentido común,
pierde su dignidad en manos de un vulgus incapaz de operaciones hermenéuticas demasiado
elevadas. De ahí el apoyo petrarquesco en el tópico evangélico “no arrojar lo santo a los perros
ni las perlas a los cerdos” (Petrarca, 2005c: IX, 5) —. Por otro lado, esa misma dificultad incrementa
el valor de lo hallado, pues el poeta debe haber asentado antes los firmissima veri / fundamenta11
(Petrarca, 2005a: IX, 92–93). Cuando se alcanza tras el rodeo del ornato, la verdad resulta más
grata, porque ha sido buscada y no simplemente consumida, si lo expresamos en términos
modernos:
Hay quienes avanzan en silencio y, como evitando lo que está a la vista, se complacen en las
sombras; no desean ser profanados ni despreciados por una excesiva familiaridad, sino ser
vistos por pocos y buscados con empeño. Estos son los poetas. (Petrarca, 2005g: XII,2).
Lassar il velo, o per sole, o per ombra12, declama Petrarca (Petrarca, 2005b: 11,1) y es que la
antropología del deseo petrarquista incide de lleno en ese amor per ombra, que Agamben entiende
como el núcleo de su neumo-fantasmología (Agamben, 2006).
El velo es, por tanto, el límite que
garantiza que el objeto poético permanezca en su regazo, en su receptáculo-morada (esto es, en su
estancia) sin ser destruido por una mirada demasiado atrevida (la de Orfeo). El gesto de lassar il
velo activa un círculo neumático donde el fantasma genera el deseo y la palabra delimita el espacio
de la “gioi che mai non fina”13. La vera forma14 señala como Servio, con un dedo alargado
apuntando al excedente, es decir, a lo que la imagen señala pero no puede ni debe capturar: “cosí,
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
10 “Figuraciones oblicuas”.
11 “Los firmísimos fundamentos de la verdad”.
12 “Quitarse el velo, ya sea al sol o a la sombra”.
13 “El goce que nunca termina”.
14 “Belleza verdadera”.
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
87!
!
lasso, talor vo cerchand’io, donna, quanto è possibile, in altrui la disïata vostra forma vera15
(Petrarca, 2005b: XVI).
Pero Petrarca es un hombre enamorado, abandonado ya a la contemplación inmoderada
(immoderata cogitatio), que, como Orfeo, en lugar de querer tocar o poseer a Laura, se pierde en su
ensoñada imagen mental, fantasmática, al fin y al cabo. Así, jamás podría poseerla del todo. Lo dice
así: “Por sol dexar el velo ni por sombra / jamás señora os veo”16, es decir no llega a verla nunca, ni
siquiera en las condiciones en que el velo podría ceder (ya con el sol o ya con la sombra). Si el velo
cayera, si el sol desnudara la luz de Laura por completo, la imagen se desvanecería al momento,
pues el alma sin el velo de los miembros es inaprehensible para el ojo humano. El simulacro interior
es la imagen que el deseo fabrica y conserva: un retrato sin soporte visible que habita el alma, y que
no cesa de producir efectos reales sobre el cuerpo: “s’avesse dato a l’opera gentile / colla figura voce
ed intellecto17 (Petrarca, 2005b: RVF 78, vv. 3–4).
Es en este ludimus de ocultamientos donde habremos de encontrar el pneuma: ludimus, et vario
tegimus speciosa colore”18 (Petrarca, 2005e: II,2). Este es el juego, en realidad, una estrategia de
preservación. Así, el autor insistirá en que el oficio del poeta es precisamente el occuluisse: ocultar
la verdad en lugares recónditos iuvat alta profundis occuluisse locis”19 (Petrarca, 2005e: II,2) para
evitar su envilecimiento ante el vulgus (Fenzi, 2011:412). El velo solo adquiere volumen y sentido
cuando es movido por el spiritus, ese vehículo sutil que Agamben define como el mediador plástico
entre el alma y el cuerpo (Agamben, 2008: 59). En la cultura del Trecento, el spiritus constituye
una suerte de vapor caliente generado en el corazón que actúa como mediador entre lo inmaterial
y lo sensible, a lo que hemos calificado anteriormente de mediador plástico, pues agita la superficie
de lo visible para que la imagen pueda comparecer como tal. En este sentido, la visión no es ni podrá
ser jamás aquí un acto de transparencia y de acceso. Servio señala a Virgilio a la vez que se dispone
a descorrer un velo que permanece inalterable, un gesto de mediación hermenéutica pues con su
mano izquierda quiere revelar, no a un hombre desnudo, sino a un Virgilio que es puro espíritu
poético (Fenzi, 2011: 411). Ese velo agitado, movido, tocado por Servio es la prueba de que el poeta
sigue respirando. Dicho de otro modo: el velo es el límite que garantiza que el objeto poético
permanezca en su regazo-morada (estancia) sin ser destruido por una mirada demasiado posesiva.
De hecho, en su epístola, Petrarca reconoce que Servio ofrece “pauca semina rerum”20, lo que
resulta crucial, pues delata que el maestro no entrega la planta completa (la verdad desnuda), sino
tan solo su germen. Esta semilla es el punto de partida que requiere del pneuma del lector para
germinar, germinación que precisa del agua de una animación espiritual suficiente. El poeta da la
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
15 “Así, ay de mí, a veces voy buscando yo, señora, en otros, en cuanto es posible, vuestra deseada forma verdadera”.
16 “Ni cuando (por el sol) dejáis el velo, ni cuando (por la sombra), os veo jamás, señora”.
17 “Si hubiese dado a la noble obra, junto con la figura, voz e intelecto”.
18 “Jugamos y cubrimos las cosas hermosas con varios colores”
19 “Agrada haber ocultado las cosas elevadas en lugares profundos”.
20 “Pocas semillas de las cosas”.
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
88! ! !
!
semilla y el velo; el lector, mediante su propio soplo interno, debe hacer que esa semilla produzca
una immensam segetem21 (Fenzi, 2011:422).
El gesto de Servio condensa la estética de la ocultación del humanismo: no desnudamos la verdad,
sino que operamos sobre el velo para que la “lucida veri efigies22 radie per obstantes tenebras”23,
permitiendo que el espíritu agudo del ingenio la intuya tras haber “scissaque parumper nube”24,
(Petrarca, 2005e: II, 2, 35-38). El soplo (pneuma) es el que otorga volumen a la ficción; sin ese
aliento que agita la cortina, Virgilio sería solo un libro muerto y Laura una estatua inerte. El
humanismo de Petrarca es, en última instancia, una ética del ocultamiento: se defiende el velo no
para esconder, sino para permitir que la verdad siga respirando.
La cultura renacentista hereda de la medieval su entendimiento de la visión como proceso
neumatológico donde el spiritus, ese peculiar cuerpo sutil y vaporoso, actúa como el espejo en el
que el alma contempla sus propios fantasmas. Exactamente el momento en que Petrarca
obsesivamente recuerda que jamás puede ver a su amada, no hace sino señalizar el límite ontológico
del deseo humano, el de la mirada que busca la posesión total de aquella vera forma que, a la postre
e inevitablemente, está condenada al fracaso porque ignora que el objeto del amor es,
esencialmente, una “ausencia presente” (Agamben, 2008:62). El velo de Servio no es el
integumentum sino la condición de posibilidad de su aparición, que permite que Virgilio no se
disuelva en el abismo de lo invisible sufriendo el mismo destino que padeció Eurídice por la misma
causa. El pneuma agita el velo con su aleteo y nos ofrece la ilusión de su volumen; compareciendo
la imagen con una vitalidad que, paradójicamente, depende enteramente de su inaccesibilidad.
Petrarca busca en el rostro ajeno la deseada forma de su amante (disïata vostra forma vera)
precisamente porque entiende que en la presencia física de la amada el velo de los miembros es tan
denso que le cegaría impidiendo aún más su visión. Sin embargo, el fantasma neumático, en el
recuerdo su cobertura, su velo se torna en diáfano, aún no descorrido, permitiendo que la lucida
veri effigies radie a través de la ficción poética (Aristóteles,1987: 450a).
El lejano recuerdo de Platón suena en la literatura petrarquista con mucha fuerza. El alma, al ser
inmaterial, es incapaz de unirse directamente con la materia, necesitando del espíritu fantástico
para tocar la imagen, pues tal anhelo es intrínseco: “el hombre es un animal fantástico que vive de
imágenes” (Agamben, 2008: 23). Petrarca sanciona la victoria de la imagen sobre la presencia: el
velo es el triunfo de la Poesía, que prefiere la eternidad del fantasma a la caducidad del cuerpo
desnudo.
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
21 “Cosecha inmensa”.
22 “La lúcida efigie de lo verdadero”.
23 “A través de las tinieblas”
24 “Rasgado por un momento la nube”.
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
89!
!
La palabra a la vista
Bajo la arboleda del Virgilio Ambrosiano, el conocimiento (¿de qué) no se presenta solo como una
revelación súbita, sino como un sutil movimiento de aire que agita el ser mismo. Esta visión, cuyos
primeros espectadores were the two creators of its visión25 (Markey, 2016: 1) nace de una
simbiosis donde el pincel de Simone Martini y el intelecto de Francesco Petrarca dejan de
conformar instancias separadas. No estamos habilitados, por ello, para hablar de una mera
dicotomía, semejanza o equivalencia entre arte y texto, sino de una estructura de aparición en la
que la imagen se constituye desde una mediación poética, filológica y visual. En este sentido,
Markey afirma: the miniature’s style and composition […] owes not only to classical exemplars in
painting or sculpture but also, and perhaps more, to the peculiar learning of a scholar-poet26
(Markey, 2016: 27).
Petrarca interviene físicamente en la composición para asegurar que la vera forma invocada sea
realmente inseparable de su cobertura, al haber contribuido, él mismo y de su propia mano, con
tres dísticos latinos. Hemos de reparar en que, además, se encuentran las dos cerca del centro de la
pintura en unas banderolas sostenidas por dos pares de manos aladas. Estas banderolas no rodean
la escena, son el soporte neumático que sostiene el velo a plena vista. Ese elemento volátil, aéreo,
flotante, que en el frontispicio es la imagen-palabra, es toda condición de visibilidad del velo mismo,
o lo que es lo mismo: condición de re-velación (volver a cubrir con el velo). Es la propia imagen-
palabra el soporte como tal que agita la presencia.
Si nos fijamos, esta concepción es antiplatónica por completo. Simone y Petrarca no buscan aquella
mimesis eikastiqué —esa “inútil duplicación del mundo fenoménico” (Platón, trad. 1992a: 263d)
que Platón despreciaba en el Sofista—. Al contrario, Martini pinta un simulacro
consciente. Al
retratar a Laura o al desvelar a Virgilio, el pintor no pretende capturar la cosa en (que sería
cegadora o inalcanzable), sino que construye un homoioma, una imagen de la imagen que, lejos de
conformar un engaño inferior al mundo sensible, es un cuerpo sutil que permite al alma habitar el
concepto. Petrarca comprende que, en nuestra condición de caída, el acceso a la idea pura es una
quimera, razón por la cual opta por habitar ese “fantasma de otra realidad” del que hablaba el
Timeo, pero eso sí, despojándolo de toda carga peyorativa (Platón, 1992b: 52c). El fantasma no es
aquí un testigo poco fiable de la verdad, sino el único testigo que el alma puede soportar.
Este dispositivo se activa mediante el gesto de Servio. Sin embargo, en esta ontología del umbral, el
desvelamiento no conduce a la transparencia del objeto, sino a la instauración de un límite absoluto:
toda imagen es, por definición, un velo. Al intentar que la verdad ut pateant27 (Joyner, 2008: 453)
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
25 “Fueron los dos creadores de su visión”.
26 “El estilo y la composición de la miniatura […] no se deben solo a modelos clásicos en pintura o escultura, sino
también, y quizá más, al peculiar saber de un poeta-erudito”.
27 “Quede patente”.
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
90! ! !
!
Servio nos enfrenta a la paradoja de que la visibilidad solo existe bajo mediación, ya que le
membra fanno a l’alma velo28 (Petrarca, 2004: 77, 11). La imagen no es la verdad desnuda, es
“solo un simulacro, una sombra de la imagen interior que el amante guarda en su memoria”
(Gargano, 2012: 41-49). Incluso el paisaje se pliega a esta ley del ocultamiento. Eric Thomson
apunta a esta profundidad cuando sugiere que el árbol central actúa como una “kind of visual pro-
lepsis, the cross of Golgotha partially veiled as symbolic of the partial revelation bestowed on Ver-
gil29 (Joyner, 2008: 453). Aquí, la imagen no vela algo que deba ser descubierto, sino que la
revelación parcial es la única forma posible de verdad. La verdad no reside tras la nube, sino que
es la propia nube la que adquiere forma.
En efecto, la mímesis fantástica de Martini lejos de buscar empequeñecer lo grande, establece un
velo que señala que la grandeza de Virgilio es un archana que solo puede comparecer como
phantasma. Si para Platón la poesía espoleaba las pasiones y nos alejaba de la cura del alma (Platón,
1998: 604 c), para Petrarca el ejercicio de la fantasía es una ascesis. De hecho, otra lectura —que
excede las intenciones de este escritonos habilitaría a decir que el frontispicio de Simone Martini
es la respuesta estética a la expulsión de los poetas de la República. En conclusión, el frontispicio
sanciona la victoria del simulacro. La obra es el resultado de un proceso donde las lecturas de
Petrarca han ocupado e informado el pensamiento y la imaginación del poeta y del pintor. La forma
verdadera no es una presencia que se alcance al retirar el pigmento, sino el rastro neumático que
habita en el gesto interrumpido de Servio: una palabra a la vista que solo brilla mientras el velo siga
agitándose. Podemos decir también: el simulacro vence porque es el único capaz de sostener la
ausencia presente (Markey, 2008: 28).
Conviene, ahora, una vez se han desarrollado los términos nucleares de esta observación, fijar una
distinción terminológica que nos permita entender los diferentes aspectos a los que nos hemos
referido, a fin de no introducir en el propio término velo correspondencias que no pretendíamos
invocar. Cuando hemos dicho velamen, hemos pretendido permanecer en la estela de tegmen e
integumentum que, como ya hemos dicho, nombra en Petrarca un procedimiento del decir: el modo
(retórico y hermenéutico) en que la verdad de la poesía y de la literatura se ofrece sin exponerse.
No designa, por lo tanto, un objeto, ni presenta una equivalencia directa con el velo de Servio o
con cualquier velo metafórico al que nos refiramos (el retrato de Laura, por ejemplo) sino tan solo
un dispositivo, una técnica, un modo acaso de aparición. Por otra parte, la cortina pintada de Servio
pertenece al orden pictórico y se refiere al modo en que escénicamente se organiza la mirada y
dramatiza una re-velación. Y, aun así, la imagen no ilustraría, como tal el concepto, ni el concepto
mismo podría explicar la imagen, pues lo que se produce entre ambos es una tensión de vecindad,
un punto de contacto sin traducción, donde el gesto de descorrer introduce en la escena una
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
28 “Los miembros hacen al alma velo”.
29 “Especie de prolepsis visual, la cruz del Gólgota parcialmente velada como símbolo de la revelación parcial otorgada
a Virgilio”.
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
91!
!
pregunta por las condiciones de mostración, es decir, qué puede verse, cómo y para quién. No se
trata solo de que haya velos representados o velos nombrados es que la palabra misma, como la
imagen (palabra de algún modo, al fin y al cabo), constituyen velos en mismos en tanto que
conforman mediaciones (Aristóteles, 1995b: 16a3–8; 1995c: 1447a13–16). Ambas pertenecen a
la familia de la mímesis como modo de hacer presente lo ausente, pero no esperemos que ninguna
nos entregue la cosa en carne viva.
A la luz de esta consideración, observemos ahora las palabras que acompañan la otra-imagen del
frontispicio, pues es ahora cuando estamos habilitados para leerlas de otra manera. La primera reza:
Itala praeclaros tellus alis alma poetas / Sed tibi Graecorum dedit hic attingere metas30. Aquí,
metas31 no es solo un hito histórico, sino una cota espiritual. Italia, como alma tellus, esto es, su
tierra nutricia, proporcionando el sustento material y biológico, pero es el soplo de Virgilio el que
permite a la lengua latina alcanzar la altura metafísica de los griegos. Reparemos en que esta
referencia pastoral se funde con el paisaje neumatológico de Martini evocando un beatus ille: los
árboles y campos no conforman un mero decorado porque constituyen el cuerpo visible de una
naturaleza que respira gracias a la presencia del poeta laureado.
El segundo dístico dice así: “Servius altiloqui retegens archana Maronis / Ut pateant ducibus
pastoribus atque colonis”32. El término retegens33 es fundamental. Veamos: Servio opera sobre el
velo para que los secretos resulten patentes y habitualmente esta apertura ha sido interpretada por
la crítica (Martindale, 1988; Lord, 1982, como se citó en Markey, 2008) no solo como los grupos
sociales destinatarios, sino como los tres niveles de la poesía virgiliana y sus estilos retóricos la
famosa Rueda Virgiliana de Juan de Garland: el estilo humilde de las Églogas (pastor), el medio
de las Geórgicas (agricultor) y el grave de la Eneida (caballero). El velo que Servio sostiene es, por
tanto, una suerte de paracaídas que modula la intensidad de la verdad para cada nivel de
comprensión. En otras palabras: caballeros, pastores y campesinos no designarían, en esta
interpretación, solo a los destinatarios, sino los tres niveles a través de los cuales lo virgiliano se
despliega (humilde, medio, alto).
En este complejo escenario, el paisaje mismo adquiere una densidad simbólica que trasciende lo
decorativo. Eric Thomson sugiere que los árboles son algo más que accesorios pastorales para
sostener el telón, y que el árbol central podría funcionar como una suerte de prolepsis visual, una
suerte de Cruz del Gólgota parcialmente velada que simboliza la revelación parcial otorgada a
Virgilio (Thomson, citado en Gilleland, 2015). Si aceptamos esta lectura, nos encontramos ante un
!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
30 “Italia, querida tierra, nutres a los poetas famosos, pero este hombre te ha permitido alcanzar la eminencia de los
griegos”.
31 Eminencia.
32 “Servio desvelando los secretos de Virgilio el elocuente, para que sean claros para los caballeros, los pastores y los
campesinos”.
33 Desvelar, descorrer.!
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
92! ! !
!
ordenado triángulo formado por el Cristo Vid a la izquierda y el Cordero de Dios a la derecha,
superponiendo una tríada cristiana a los niveles sociales y retóricos mencionados. De ser así, nos
encontraríamos ante el punto de mayor audacia teológica en el programa de Petrarca, pues
transforma el velo de Servio en una frontera también temporal. Expliquemos esto: analizar el árbol
central como una prefiguración del Gólgota implica que la revelación parcial otorgada a Virgilio
no supone un mero fallo de visión, sino toda una sistemática estrategia del Espíritu. Virgilio, el
vates, respira un pneuma que ya anticipa a Cristo, pero lo hace a través de una nube porque el
tiempo de la Verdad desnuda (esto es, de la Encarnación) no ha llegado todavía.
Sin duda, esta anticipación es la estancia del anuncio mismo, pues si el árbol es ahora una cruz
velada, la cortina de Servio funcionaría como el velo del Templo, protegiendo el misterio hasta que
el sacrificio lo rasgue. Petrarca, al situar este árbol en el centro del paisaje que nutre (alis) a los
poetas, está reivindicando, a la par, la viveza y condición de la poesía clásica como semilla (semina)
cristiana que aún no ha logrado romper su cobertura. Por lo tanto, el árbol es el núcleo del pneuma
donde la savia de la tierra italiana se conecta con la sangre de la futura redención. En este sentido,
el gesto incipiente de Servio para que los archana sean claros (patentes) adquiere un sentido aquí
providencial. No se trata ya, por lo tanto, tan solo de explicar gramática a pastores y caballeros; se
trata de preparar el ojo humano para la visión de lo invisible. Como Petrarca con Laura, Virgilio
solo puede ver la Verdad por sombra, mediante una imagen fantasmática que se proyecta en el velo
de su propia poesía. La prolepsis visual de la cruz es el recordatorio de que toda gran poesía es un
deseo que se alimenta de su propio límite. Virgilio ve a Cristo del mismo modo que Petrarca ve a
Laura en el soneto LXXVII: como una forma verdadera que habita en el alma, pero que en la
historia humana debe permanecer necesariamente velada para no desvanecerse antes de tiempo
(Joyner, 2008).
En este escenario, la imagen es el indumentum animae (Hugo de San Víctor): el velo necesario que,
al agitarse por el pneuma, permite que el alma contemple la forma verdadera sin ser destruida por
la inmediatez de lo sensible. La imagen, en fin, no oculta la verdad, sino que es la “condición
necesaria de la inteligencia” (Serés, 1996: 211), el único soporte donde el deseo y el conocimiento
pueden habitar una estancia común.
Bibliografía
AGAMBEN, Giorgio (2006). Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental (trad.
Tomás Segovia). Pre-Textos.
ARISTÓTELES (1987). De memoria et reminiscentia (Acerca de la memoria y de la
reminiscencia). En Tratados breves de historia natural. Trad. Alberto Bernabé Pajares. Madrid:
Gredos
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
93!
!
ARISTÓTELES (1995a). De anima. García Yebra, Valentín (Trad.). Gredos.
ARISTÓTELES (1995b). De interpretatione. En Tratados de lógica (Órganon I). García Yebra,
Valentín (Trad.). Gredos.
ARISTÓTELES (1995c). Poética. García Yebra, Valentín (Trad.). Gredos.
CICERÓN (1995). De oratore. Sánchez Salor, Eustaquio (Trad.). Gredos.
DIDI-HUBERMAN, Georges (2003). Images malgré tout. Minuit.
DURAND, Gilbert (1964). L’imagination symbolique. Presses Universitaires de France.
FENZI, Enrico (2011). Servio, Simone Martini, Petrarca: un percorso attraverso il Virgilio
Ambrosiano”. En Méniel, Bruno et al. (Eds.). Servius. Presses universitaires de Rennes.
https://doi.org/10.4000/books.pur.38308
GARGANO, Antonio (2012). “!L’ombra ignuda entro ’l pensier figura". La tradición lírica sobre el
retrato de la dama”. Criticón. Vol. 114, 33–69.
GARRIBBA, Manuela Aviva (s. f.). La prima traduzione completa del “Canzoniere” di Petrarca
in spagnolo: Los sonetos y canciones del Petrarcha”, que traduzía Henrique Garcés de lengua
thoscana en castellana. (Madrid, 1591). Artículo académico.
ISRAËLS, Machtelt B. (2022). A Patron’s Painter: Simone Martini at Orvieto”. En Silver, Na-
thaniel (Ed.), Simone Martini in Orvieto. Isabella Stewart Gardner Museum / Yale University
Press. 125–159.
JOYNER, Danielle (2008). “Martini, frontispiece to Petrarch’s manuscript of Vergil”. En Ziolkow-
ski, Jan M. y Putnam, Michael C. J. (Eds.). The Virgilian Tradition: The First Fifteen Hundred
Years. Yale University Press. 452–453.
MARKEY, Tim (2016). “Servius Illustrated: Latin Texts and Contexts of Simone Martini’s Fron-
tispiece Painting to Petrarch’s Virgil”. Humanistica Lovaniensia. Vol. 65, 1–28.
PERINO, Alejo (2023). El problema de la vida activa y la vida contemplativa en Petrarca y Bruni.
[Tesis doctoral. Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras].
PETRARCA, Francesco (ca. 1300-1340). Vergilius Ambrosianus [Manuscrito]. Biblioteca
Ambrosiana, ms. A 79 inf. (olim S.P. 10/27), Milán, Italia.
PETRARCA, Francesco (ca.1350). Apostilla alla Naturalis Historia di Plinio [Manuscrito].
Biblioteca Ambrosiana, ms. A 79 inf., Milán, Italia.
Protrepsis, Año 15, Número 30 (mayo - octubre 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
!
94! ! !
!
PETRARCA, Francesco (2004). Canzoniere. Santagata, Marco (Ed.). Mondadori.
PETRARCA, Francesco (2005a). Africa. En Opere latine. Einaudi.
PETRARCA, Francesco (2005b). Canzoniere. Rerum Vulgarium Fragmenta. Bettarini, Rosanna
(Ed.). Einaudi.
PETRARCA, Francesco (2005c). Collatio laureationis. En Opere latine. Einaudi.
PETRARCA, Francesco (2005d). De otio religioso. En Opere latine. Einaudi.
PETRARCA, Francesco (2005e). Epistolae metricae. En Opere latine. Einaudi.
PETRARCA, Francesco (2005f). Parthenias. En Bucolicum carmen. Einaudi.
PETRARCA, Francesco (2005g). Senili (Epistolae seniles). En Opere latine. Einaudi.
PLATÓN (1992a). Sofista. En Diálogos V. Calonge Ruiz, J. (Trad.). Gredos.
PLATÓN (1992b). Timeo. En Diálogos VI. Lisi, F. (Trad.). Gredos.
PLATÓN (1998). República. Eggers Lan, Conrado (Trad.). Gredos.
SERÉS, Guillermo (1996a). “El concepto de fantasía, desde la estética clásica a la dieciochesca”.
Cuadernos de Filología Italiana, número extraordinario, 175–211.
SERÉS, Guillermo (1996b). La transformación de los amantes. Imágenes del amor de la
Antigüedad al Siglo de Oro. Crítica.
SERÉS, Guillermo (2005). “La poética de Petrarca y el humanismo castellano del siglo XV”.
Euphrosyne, Vol. 33.
Acceso Abierto
. Este artículo está amparado por la licencia de Creative Commons
Atribución/Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC
BY-NC-SA 4.0). Ver copia de la licencia en: https://creativecommons.org/-
licenses/by-nc-sa/4.0/deed.es