
Protrepsis, Año 15, Número 29 (noviembre 2025 - abril 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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cabo de las concepciones del tiempo que influyen en la suya propia. Si bien estas influencias no se
explicitan en la obra de 1927, sí pueden rastrearse más concretamente en la comprensión contex-
tual y filosófica de una obra que ve la luz años antes: la conferencia con que defiende su habilita-
ción. Así, la base del presente estudio se localiza en Der Zeitbegriff in der Geschichtswissenschaft
[El concepto de tiempo en la ciencia histórica] (Heidegger, 1978: GA 1, 413-433)2, el texto de
juventud que forma parte, como primera lección, de su habilitationsschrift (escrito de habilitación)
bajo la supervisión de Heinrich Rickert. Desde dicho texto se pretende aclarar la defensa que hace
Heidegger de las tesis diltheyanas a propósito de la legitimidad de las ciencias del espíritu y cómo
su concepto de tiempo es herencia directa de estas. Ya en 1916, Heidegger plantea dos vías de la
concepción del tiempo a partir de las influencias fundamentales de la tradición, como Aristóteles,
Kant y Dilthey, pero también la física de Newton y la, entonces novedosa, teoría de la relatividad
de Einstein.
El texto de Heidegger toma el carácter de los dilemas de aquellos años, en los que, debido sobre
todo a la nueva revolución de la física producto de los descubrimientos de la mecánica cuántica, se
diluyen muchas certezas (Bloom, 2008: 122). Las problemáticas que se erigen como mayoritarias
y de masas en la época son una constante en las inquietudes heideggerianas a lo largo de toda su
trayectoria filosófica,3 aun y cuando trate de revestirlas con un vocabulario que bebe de las fuentes
de la tradición4, sin embargo, es necesario poner en relación la concepción del tiempo de la teoría
2 Al ser este un estudio de clara base heideggeriana, se introducen las referencias a la obra en base al volumen que
ocupan en la Gesamtausgabe (obra reunida) del pensador de Meßkirch. En el caso de Sein und Zeit, correspondiente
al segundo volumen de la edición de la obra reunida (GA 2), al ser considerada canónica también la edición de
Niemeyer se señala además la paginación de la misma separada por una barra oblicua (/).
3 El clima de cambio que abarca todo el siglo XX hace que el filósofo de Meßkirch fije la mirada en los acontecimientos
llamativos que salen al paso en la vida cotidiana y que se muestran como referentes de dicho cambio, desde los
primitivos intermitentes (Heidegger, 1977: GA 2, 104-105/78) a la bomba nuclear (Heidegger, 2000: GA 16, 522),
del interés por los acontecimientos políticos (Heidegger, 2000: GA 16, 107-117) a las nuevas concepciones del arte
(Heidegger, 1983: GA 13, 203-210) y la poesía (Heidegger, 1983: GA 13, 183).
4 Hay que hacer notar, en función de lo que señala la nota anterior, que, si bien Heidegger acepta las problemáticas
que fascinan a las masas, siempre busca que esas trasciendan. Al fin y al cabo, las citadas problemáticas son asunto de
la vida cotidiana y, como tales, forman parte de la habladuría (Gerede), de la novelería (Neugier) y de la ambigüedad
(Zweideutigkeit) y, por tanto, de la caída (Verfallen) de la existencia (Dasein) (Heidegger, 1977: GA 2, 221-239/167-
180). Ahora bien, esta caída que denota la impropiedad (Uneigentlichkeit) existencial trata de trascender hacia un
modo de existir con propiedad (Eigentlichkeit) (Heidegger, 1977: GA 2, 71/53), por lo que, de la misma manera, parece
que repensar los intereses populares dotándolos de un aura de solemnidad a partir del uso de un lenguaje academicista,
y conforme a unas pautas establecidas por el rigor del pensar pueden suponer esa trascendencia y elevar lo cotidiano a
lo trascendente. Pero es que esa rimbombancia en el lenguaje, que sirve por otro lado para disimular las carencias de
ciertos académicos de ascendencia meteórica, también forma parte de ese estado impropio. En Sein und Zeit,
Heidegger cree en ese pase, pero posteriormente se percata de que forma parte de esa caída, porque el lenguaje
filosófico de la tradición también lo emplea (Heidegger, 1976: GA 9, 318), pues el estado propio de la existencia es
fugaz y captable sólo en su propio instante (Augenblick) (Heidegger, 1977: GA 2, 542/410). Se le abren entonces dos