
Protrepsis, Año 15, Número 29 (noviembre 2025 - abril 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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el mismo. La alteridad del tiempo se expresa en la diferencia de los tiempos que se suceden, mien-
tras que, su identidad, en cambio, se expresa en el horizonte de la simultaneidad. Diversos aspectos
de este argumento permanecen oscurecidos. El análisis presentado aquí pretende solo manifestar
los puntos principales42.
En 220b 14-32 se menciona el cuarto y último atributo del tiempo; a saber: el tiempo no solo mide
el movimiento, sino que, a su vez, es medido por medio del movimiento: “pero no sólo medimos el
movimiento por medio del tiempo, sino también el tiempo por medio del movimiento, en virtud de
un mutuo determinarse el uno por el otro”43 (Aristóteles, trad. en 2012: 220b 14-16). Esta deter-
minación recíproca entre tiempo y movimiento (dia to horizesthai hyp' allēlōn) es, precisamente, lo
que permite hablar de una estrecha relación entre ambos. El hecho de que el tiempo determine o
mida el movimiento –la primera parte de la descripción del autor– no debería de sorprender dema-
siado, pues no es más que un corolario de su definición del concepto. Si el tiempo es número del
movimiento entonces, naturalmente, ha de determinarlo. Lo que Aristóteles intenta ahora explicar
es en qué sentido el tiempo es, a su vez, determinado por el movimiento. Coope afirma que este es
uno de los puzzles de la Física (Coope, 2005: 107). Para dar respuesta a este problema Aristóteles
recurre, como ya lo ha hecho en otras oportunidades, al uso habitual del lenguaje: “decimos ‘mucho’
y ‘poco’ del tiempo midiéndolo por medio del movimiento, del mismo modo que también ‘determi-
namos’ el número por medio de lo numerado, vgr. por medio del caballo, tomado como unidad, el
número de caballos” (Aristóteles, trad. en 2012: 220b 17-20). Así también, pues, se usa la unidad
de cambio para medir qué tan largo son los cambios y también para medir lo que ellos han durado44.
En 220b 32 da inicio, como ya se ha mencionado, la segunda parte de IV 12, dedicada a discutir la
problemática noción de ser en el tiempo. Sobre ella, los intérpretes han tematizado de los modos
más diversos (Hussey, 1983: 164; Coope, 2005: 143; Berti, 2010: 35; Vigo, 2012: 265). Este es
uno de los pasajes más interesantes de toda la obra. Es necesario tratar esta parte del texto de Aris-
tóteles con especial atención. En el Parménides, Platón trata brevemente algunas de las condicio-
nes de ser o participar en el tiempo (Platón, trad. en 1988: 141a-e, 155c-d). En el Timeo rechaza,
por otro lado, la posibilidad de establecer enunciados temporales acerca de la sustancia eterna (Pla-
tón, trad. en 2010: 38a 3-5). Más allá de estas menciones esporádicas en los diálogos platónicos
42 Coope (2005: 94) y Roark (2011: 111) proporcionan interesantes explicaciones del pasaje. El ejemplo que da
Aristóteles, que se ha decidido no analizar en esta investigación, permite dar algo de claridad sobre el tema. La idea
central es la siguiente: cien caballos y cien hombres son iguales entre sí, en el sentido en que se utiliza la misma unidad
(cien) para enumerarlos; en cambio, en cuanto a qué es lo que se numera, se halla, pues, alteridad. Del mismo modo, los
ahoras de distintos lapsos de tiempo son distintos en cuanto a su contenido; empero, todos ellos son idénticos por ser
ahoras. Hay un sentido importante, para Aristóteles, en el que los ahoras anteriores y posteriores son idénticos entre sí.
43 “[...] ou monon de tēn kinēsin tōi chronōi metroumen, alla kai tēi kinēsei ton chronon dia to horizesthai hyp' allēlōn”.
44 En 220b 24-26 se completa, pues, la argumentación en torno a la posibilidad de medir el tiempo por el movimiento
y viceversa. Allí, Aristóteles dirá: “En efecto, medimos el movimiento por medio del tiempo, y el tiempo por medio del
movimiento. Y es razonable que resulte de este modo, pues el movimiento sigue a la magnitud, y el tiempo ‘sigue’ al
movimiento, en cuanto son cantidades, continuos y divisibles” (Aristóteles trad. en 2012: 220b 24-26).