
Protrepsis, Año 15, Número 29 (noviembre 2025 - abril 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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relación que opera entre la constitución de una identidad y el mundo que vive; entre ellas, por
ejemplo, Hall apunta:
La identidad, según esta concepción sociológica, establece un puente sobre la brecha entre lo
‘interior’ y lo ‘exterior’, entre el mundo personal y el público. El hecho de que nos
proyectemos ‘a nosotros mismos’ dentro de estas identidades culturales, interiorizando al
mismo tiempo sus sentidos y valores y convirtiéndolos en ‘parte de nosotros’, nos ayuda a
alinear nuestros sentimientos subjetivos con los lugares objetivos que ocupamos dentro del
mundo social y cultural. La identidad, entonces, une (o, para usar una metáfora médica,
‘sutura’) al sujeto y la estructura. Estabiliza tanto a los sujetos como a los mundos culturales
que ellos habitan, volviendo más unidos y predecibles a los dos, recíprocamente. (Hall, 2014:
401)
El análisis de Hall no sólo lleva la postura levinasiana a un nivel más concreto. Permite, además,
señalar uno de los peligros —acaso el mayor de ellos— de la constitución de una identidad cerrada.
Para verlo, recuérdese que al inicio de este apartado se definió una identidad de este tipo como el
repliegue del sujeto sobre sí mismo, de suerte que se constituye en tanto ínsula autosuficiente
(Mismo). Con base en lo recién desarrollado, a ello hay que añadir que tal repliegue remite
concretamente tanto la vida sensible del sujeto en cuestión, como a la pluralidad de instancias
culturales que dan forma a tales contenidos. Es, pues, en función de esta correlación que se realiza
lo que Hall llama sutura entre sujeto y estructura. Ahora bien, ¿cuál es el peligro de este momento?
La respuesta a esta cuestión —basada en lo desarrollado en todo lo anterior— ya da cuenta del
peligro que acompaña la constitución de una identidad cerrada12. Si bien es cierto que la formación
de una identidad resulta un momento necesario e inexorable en el desarrollo de toda conciencia —
es decir, posee dignidad ontológica— cuando ocurre la circunstancia en la que el sujeto se repliega
sobre sí, sedimentando y solidificando los contenidos culturales que le dan soporte, pasa también
que cualquier configuración alterna (valores, creencias, etc.) queda excluida, reduciendo las
posibilidades del sujeto en cuestión13.
12 Rodríguez proporciona, entre otros usos del término, la siguiente definición de identidad psicológico-social: “[…]se
refiere al conjunto de cualidades que un individuo debe poseer para ser socialmente reconocido, es decir, identificado
y por tanto diferenciado de los demás, pero también y ante todo, a la idea de una figura propia, por la que él se reconoce
a sí mismo y con arreglo a la cual se conduce” (Rodríguez, 2004: 87, cursivas del autor).
13 El argumento de este trabajo parte del análisis levinasiano respecto de la crítica dirigida a los procesos de totalización;
como se verá en lo que sigue, estos fundan la realización de una identidad cerrada. Sin embargo, y en el espíritu de
ofrecer las mayores herramientas de examen al lector, cabe tener presente que el propio Levinas recibió una crítica
similar a tal respecto. Es sabido que Derrida, en su ensayo Violencia y Metafísica, realiza un seguimiento del
pensamiento levinasiano. En términos generales, el filósofo argelino señala que la filosofía levinasiana, a pesar de sus
objetivos, no se desprende del lenguaje ontológico que impregna la tradición; por lo tanto, habría que evaluar si no se
trata sólo un momento más de la totalización y de la ontología que critica (Derrida, 2012).