Protrepsis, Año 15, Número 29 (noviembre 2025 - abril 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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ISSN: 2007-9273
Protrepsis, Año 15, Número 29 (noviembre 2025 - abril 2026) 127 - 144
Recibido: 25/08/2025
Revisado: 28/10/2025
Aceptado: 21/11/2025
La hermenéutica analógica de Mauricio Beuchot: algunas
consideraciones críticas
Jesús Manuel Gamboa Valles 1
1 Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. UACJ
Ciudad Juárez, Chihuahua. México
E-mail: jesus.gamboa1809@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-5280-5175
Resumen:
Una de las propuestas teórico-metodológicas más influyentes de finales del siglo pasado
y las primeras décadas de este en el medio filosófico latinoamericano es la llamada hermenéutica
analógica, del investigador mexicano Mauricio Beuchot (1950-). Prueba de ello es la multiplicidad
de trabajos y relecturas a que ha dado lugar tanto en humanidades como en sectores de las ciencias
sociales, donde se ha mostrado como una perspectiva interesante y original por su carácter
conciliatorio entre posturas extremas, como pueden ser el dogmatismo interpretativo o el
relativismo epistémico. Sin embargo, a pesar de la celebración generalizada, también existe un
sector de la crítica académica que ha señalado inconsistencias conceptuales o debilidades
argumentativas. Siguiendo esta línea de discusión, el artículo presente tiene como objetivo exponer
algunos de sus elementos más importantes, de tal modo que, a la vez que se subrayan sus aciertos y
bondades, se indican, además, sus posibles imprecisiones y ambigüedades.
Palabras clave
: Hermenéutica, univocismo, equivocismo, analogía, cientificismo, posmodernidad.
Abstract:
One of the most influential theoretical and methodological proposals to emerge in Latin
American philosophical circles during the late 20th century and the early decades of the 21st is the
so-called analogical hermeneutics, developed by the Mexican scholar Mauricio Beuchot (1950–).
This is evidenced by the numerous works and reinterpretations it has inspired across the
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humanities and sectors of the social sciences, where it has been regarded as an original and
compelling perspective due to its conciliatory nature between opposing extremes, such as
interpretive dogmatism and epistemic relativism. However, despite its widespread acclaim, a
segment of academic criticism has pointed to conceptual inconsistencies and argumentative
weaknesses. Following this line of discussion, the present article aims to outline some of its most
significant elements, highlighting both its strengths and merits, while also drawing attention to its
possible imprecisions and ambiguities.
Keywords:
Hermeneutics, univocity, equivocity, analogy, scientism, postmodernity.
Antecedentes de la hermenéutica analógica
Antes de exponer algunos de los aspectos más significativos de la hermenéutica analógica de
Mauricio Beuchot, vale la pena prestar atención, brevemente, a los cambios de perspectiva en torno
a la hermenéutica, con el fin de obtener un fondo histórico sobre el cual destacar su propuesta. Así
pues, y dadas las limitaciones propias de este trabajo, se hará énfasis en ciertos puntos concretos,
principalmente aquellos que puedan auxiliar en la comprensión de las aportaciones de Beuchot, y
las observaciones críticas correspondientes.
Como se sabe, la hermenéutica cuenta con una larga tradición en la filosofía occidental,
remontándose a las disquisiciones de los primeros padres de la Iglesia acerca del correcto sentido
de las sagradas escrituras, es decir, entre una interpretación más bien individual de los pasajes
(doctrina luterana), donde el significado estaría dado por la propia lectura personal, y una colectiva,
dirigida por la simbología convencional que las autoridades cristianas consideraran más apropiada
para su discernimiento (doctrina católica). Esta es la razón por la que, como señala Jean Grondin,
durante este periodo siglos XVI y XVII, la hermenéutica tuviera la función de ser una
disciplina auxiliar, a menudo en forma de textos-guía encaminados a la adecuada exégesis de los
escritos religiosos (Grondin, 2008).
Sin embargo, con el correr del tiempo, el carácter subsidiario y preceptivo de la hermenéutica
perdería su preeminencia a la luz de nuevas consideraciones acerca de la naturaleza y función de
esta disciplina. De este modo, desde mediados del siglo XIX y, con mayor fuerza, en las primeras
décadas del XX, la hermenéutica sufre dos grandes transformaciones: en primer lugar, deja de ser
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una forma de interpretación específica del área teológica o filológica para convertirse en una vía
general, o método, aplicable a todas las esferas de la comunicación humana (Schleiermacher,
Dilthey); en segundo lugar, tras el fracaso de encontrar reglas rigurosas válidas para cualquier
aspecto del mundo, comienza a considerársele en su estructura ontológica, es decir, como parte
inherente del ser humano, y no tanto ya como una herramienta o método de conocimiento
(Heidegger, Gadamer).
Así, Friedrich Schleiermacher (1768-1834), a pesar de que continúa interesándose en la
hermenéutica como un método general esencialmente lingüístico, pone el acento en el componente
psicológico de todo acto comunicativo, de manera que, de acuerdo con su postura, la eficacia del
método hermenéutico consistiría, sobre todo, en el descubrimiento de las verdaderas
intencionalidades de los emisores o autores, a menudo distorsionadas o encubiertas en las
expresiones verbales. Esta convicción se manifiesta, por ejemplo, en la conocida recopilación,
ordenamiento y exégesis que el filósofo alemán hizo de los diálogos platónicos, hacia 1828
(Schleiermacher, 1828/2019). En esta importante colección, Schleiermacher señala, en reiteradas
ocasiones, la relevancia que tiene la correcta interpretación del estilo verbal de Platón, así como de
la forma literaria en que están vertidos sus pensamientos, para poder llegar al descubrimiento de su
unidad o intención central, pues hasta entonces sus exégetas se habían limitado, o bien a quedarse
en la superficie fragmentaria y miscelánea que caracterizan los diálogos, o bien habían dado por
correctas lecturas que, en realidad, no eran más que prejuicios personales (Schleiermacher,
1828/2019).
A pesar del serio intento de Schleiermacher en hacer de la hermenéutica un método de
aplicabilidad general para el desvelamiento de la verdadera intencionalidad del autor o emisor, su
énfasis psicológico y, en cierto sentido, cientificista, reducían el alcance de la disciplina. Como bien
señala Frank C. Richardson, al psicologismo de Schleiermacher le sucedería la propuesta de
Wilhelm Dilthey (1833-1911), quien indicaría, precisamente, la insuficiencia de tratar de
incorporar características metodológicas más propias de las ciencias naturales al campo de las
humanidades. De esta forma, además de establecer la distinción entre ciencias naturales
(Naturwissenschaften) y ciencias del espíritu (Geisteswissenschaften), Dilthey se alinea con una
visión vitalista, en la que la hermenéutica se constituye como el ejercicio de comprensión de la vida
(Erlebnisse), donde hay que descubrir las grandes estructuras que la conforman y que le dan
sentido a cada ser humano, a diferencia de la explicación mecánica de las ciencias, que sólo tienen
que ver con la exterioridad:
De acuerdo con este relato, cuando observamos la totalidad holística de la vida en las
experiencias cotidianas, encontramos que está formada por lo que Dilthey llama estructuras,
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patrones recurrentes que muestran conexiones e interrelaciones fundamentales
características de la vida psicológica. (Richardson, et al., 1999/2011: 203)1
De acuerdo con Richardson (1999/2011), con todo y las diferencias teóricas individuales entre
Schleiermacher y Dilthey, ambos compartieron la idea de que la hermenéutica era un método y,
alineado a ello, que la hermenéutica consistía, sobre todo, en una cuestión epistemológica de cómo
conocemos el mundo. Sin embargo, con el arribo en la escena filosófica tanto de Martin Heidegger
(1889-1976) como de Hans Georg-Gadamer (1900-2002), se produciría el llamado giro ontológico
de la hermenéutica,2 como se ha señalado más arriba. De este modo, por ejemplo, en una de sus
obras capitales, Ser y tiempo (1927), Heidegger pone en marcha una fenomenología de la existencia,
al indagar sobre el ser de ese peculiar ente que es el ser humano. Así entonces, emplea el concepto
de Dasein, para referirse, precisamente, al carácter existenciario, de existir, como nota esencial del
ser humano en su relación con él mismo y el mundo. Por lo tanto, la tarea de la comprensión es una
tarea intrínseca a la especie humana, ontológica. Interpretarse a sí mismo es su actividad propia:
El método de Ser y tiempo es hermenéutico: implica una interpretación del propio ser como
una entidad que está comprometida en la actividad de interpretar. Desde esta perspectiva,
Ser y tiempo es una interpretación del interpretar, y su objetivo preliminar es identificar las
estructuras en común en toda actividad interpretativa. La interpretación es necesaria para
clarificar mejor nuestro propio ser. (Richardson, et al., 1999/2011: 208)3
Finalmente, Gadamer, partiendo de las reflexiones de Heidegger, llevará la hermenéutica a un
estatuto eminentemente filosófico, convirtiéndose en una actividad que de continuo se pregunta
por las condiciones de posibilidad de la comprensión misma, así como por el carácter flexible, no
metodológico o reduccionista, de la hermenéutica como tal. En este sentido, Gadamer, como bien
subraya Richardson (1999/2011), criticará abiertamente en su principal obra, Verdad y método
(1960), la idea de método en la hermenéutica, negándose a dar reglas que la determinen.
1 “According to this account, when we look at the holistic totality of life in everyday experiences, we find it is shaped
by what Dilthey calls structures, recurring patterns that display fundamental connections and interrelationships
characteristic of psychological life” (Richardson, et al., 1999/2011: 203). [Todas las traducciones son del autor].
2 Aunque este giro de lo epistemológico a lo ontológico marcará la diferencia entre la hermenéutica del siglo XIX, con
todos los resabios de la doctrina clásica del periodo renacentista, y la hermenéutica del siglo XX, con las aportaciones
indiscutibles de filósofos como Martin Heidegger y Hans-Georg Gadamer, resulta pertinente subrayar que el cambio
de paradigma no fue radical. Al contrario, autores posteriores, como Paul Ricoeur, y el mismo Mauricio Beuchot,
incorporarán en sus trabajos elementos de ambas tendencias, al igual que enfoques tanto epistémicos como ontológicos.
3 “The method of Being and Time is hermeneutic: it involves an interpretation of one's own being as an entity who is
engaged in the activity of interpreting. Seen in this way, Being and Time is an interpretation of interpreting, and its
preliminary goal is to identify the structures common to any interpreting activity whatsoever. Interpretation is needed
for us to get clear about our own being” (Richardson, et al., 1999/2011: 208).
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Con base en lo anterior, se puede decir que, con todo y lo relativo de separar tajantemente una
tradición hermenéutica de otra, existen ciertas tendencias explícitas. Mientras que, por un lado,
hay una tendencia en concebir la hermenéutica como método filológico para la correcta
dilucidación del sentido o la intención psicológica de un autor (Schleiermacher, Dilthey), por otro
lado, se puede entender la actividad hermenéutica como algo propio del ser humano, en su intento
originario de comprender el mundo y a mismo (Heidegger, Gadamer). Ahora bien, establecido
esto a manera de esquema orientativo, estamos en condiciones de encuadrar la propuesta de
Mauricio Beuchot en una suerte de posición intermedia: en efecto, no se trata de una perspectiva
estrictamente metodológica; pero tampoco se reduce a una reflexión filosófica de la comprensión.
La hermenéutica analógica: un balance crítico
Como el mismo Beuchot afirma en Tratado de hermenéutica analógica. Hacia un nuevo modelo de
interpretación (1997), la hermenéutica se caracteriza por tres aspectos: primero, se trata del “arte y
ciencia de interpretar textos, entendiendo por textos aquellos discursos que van más allá de la
palabra y el enunciado, pues es donde más se requiere el ejercicio de la interpretación” (Beuchot,
1997: 15); segundo, la hermenéutica cumple su función en los casos donde no existe un sentido
único, o este no queda claro, “es decir, donde hay polisemia” (Beuchot, 1997: 15) y tercero, la
finalidad del acto interpretativo tiene que ver con la contextualización del discurso, esto es, de la
clarificación de su significado a partir de la integración del texto en su contexto.4
Asimismo, tanto en esta obra como en muchas otras,5 por ejemplo, en Iniciación a la hermenéutica
analógica (2023), Beuchot afirma que la hermenéutica atraviesa una crisis, a causa de dos
tendencias opuestas entre sí, pero que han condicionado los debates contemporáneos dentro de la
filosofía: por un lado, la pretensión de que solo es válida una interpretación del mundo; por otro
lado, la convicción de que todas las interpretaciones sobre el mundo son válidas.
Beuchot caracteriza esta polarización como una especie de conflicto entre dos tipos de
hermenéuticas: una que denomina univocista porque se adhiere a una sola interpretación; otra que
4 De acuerdo con esto, resulta patente que Beuchot basa sus formulaciones en distintas nociones, algunas de ellas ajenas
al ámbito de la hermenéutica: para su definición, echa mano de la tradición clásica de la hermenéutica, aunque
modificada por la concepción semiótica del texto impulsada por filósofos como Paul Ricoeur (1903-2005) y Charles
Sanders Peirce (1839-1914). Asimismo, se deja entrever la influencia de Dilthey y Gadamer.
5 La producción intelectual de Mauricio Beuchot es considerable. Entre manuales, artículos, monografías, antologías
y conferencias, muchos de sus textos y coloquios suelen volver sobre asuntos o motivos abordados con anterioridad,
pero vistos con un matiz diferente. En relación con su propuesta, la hermenéutica analógica, aparece en gran cantidad,
en obras como Tratado de hermenéutica analógica. Hacia un nuevo modelo de interpretación (1997), Hermenéutica
analógica y del umbral (2002), Hermenéutica analógica. Aplicaciones en América Latina (2003), Hermenéutica,
analogía y símbolo (2004), En el camino de la hermenéutica analógica (2005), Compendio de hermenéutica analógica
(2007), Hermenéutica analógica, símbolo, mito y filosofía (2007), Hermenéutica analógica, símbolo y ontología (2010),
La hermenéutica analógica en la historia (2010), Iniciación a la hermenéutica analógica (2023).
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llama equivocista, debido a que promueve la validez de cualquier interpretación. Estas
denominaciones también le sirven para encuadrar corrientes y movimientos. Por ejemplo, en el
sector univocista, el filósofo mexicano ubica todas las variedades del positivismo, el cientificismo,
la filosofía analítica y la primera etapa descriptiva de la fenomenología; mientras que en el terreno
equivocista se encuentran el relativismo cultural y epistémico, el posmodernismo y la
deconstrucción.6
Frente a la crisis que describe, pero sin salir del terreno de la hermenéutica —a pesar de que en su
postura se integran otros elementos ajenos a la misma—, Beuchot propone una hermenéutica que
se base en el concepto de la analogía, es decir, que tome en cuenta tanto las semejanzas como las
diferencias en las cosas. Así pues, las interpretaciones que se hagan de los textos, en el sentido
amplio de discursos que defiende Beuchot, no serán únicas, pero tampoco ilimitadas.
Al contrario, toda interpretación, si se basa en el principio de la analogía, estará limitada por la
identidad de las semejanzas, por su permanencia y verificabilidad objetiva, pero libre en virtud de
las diferencias individuales, aunque sin tender a la arbitrariedad:
La ventaja que tenemos es que la noción de analogía tiene una ya larga tradición. Viene desde
los griegos y llega hasta la actualidad […] No es la simple semejanza, sino que en la analogía
predomina la diferencia, es compleja, requiere que sepamos más de las cosas en qué difieren
que en qué se parecen. Esta idea simplista de analogía como mera semejanza es la que, con
toda razón, causó prevención y suspicacia a autores acuciosos, como Foucault. (Beuchot,
2023: 20)
Así entonces, con base en las observaciones aristotélicas acerca del Ser presentes en su Metafísica,7
la filosofía tomista medieval y las pertinentes sugerencias de Paul Ricoeur,8 Beuchot recupera la
definición de analogía para incorporarla en el proceso hermenéutico. Particularmente, de las
distintas especies de analogía descritas por los antiguos y preceptivas medievales, Beuchot destaca
dos tipos fundamentales: la analogía de proporción, empleada por los pitagóricos, que se basa en el
6 Con todo, Beuchot señala que el equivocismo propio de la posmodernidad se encuentra en su última faceta: Sin
embargo, la filosofía posmoderna está de salida. Parece ser que ya dio de sí, que está agotada. Cumplió algunas de sus
expectativas, como disminuir las pretensiones de la razón moderna; pero exageró en esa línea, y llegó a un relativismo
muy extremo, rayando en el escepticismo; siempre con la sombra del nihilismo. Por eso se hizo necesaria una
superación, un cambio” (Beuchot, 2023: 15).
7 También Beuchot hace hincapié en el concepto griego de phrónesis, ya que, según él, la interpretación basada en la
analogía necesita realizarse con prudencia, en un sabio balance entre lo universal y lo particular, como ocurre en los
fenómenos de transculturación, donde se busca lo compartido en general por las culturas, pero, al mismo tiempo, lo
distintivo y característico de cada una.
8 Como el mismo Beuchot lo ha afirmado en varios de sus textos y conferencias, Paul Ricoeur jugó un papel importante
en el desarrollo de su modelo analógico, pues gracias a la lectura de la última parte de la Simbólica del mal, donde el
pensador francés realiza interesantes observaciones sobre la analogía, es que Beuchot pudo reforzar teóricamente su
propia postura.
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principio de proporcionalidad, en la forma de
a
es a
b
como
c
es a
d
(el instinto es al animal lo que
a la razón, las alas son a las aves lo que las aletas a los peces); la analogía de atribución, que se funda
en el principio jerárquico de atribución, donde un elemento es el central y el resto secundario o
derivado: “por ejemplo, el predicado ‘sano’ se puede aplicar al organismo, al alimento, al
medicamento, al clima” (Beuchot, 1997: 54).
Como se mencionó más arriba, la filosofía escolástica de Santo Tomás de Aquino tiene un papel
preponderante en su propuesta de la hermenéutica analógica. Esta influencia, que data de su
formación dominica, puede rastrearse también en sus primeros textos sobre retórica y lenguaje. Así,
en La filosofía del lenguaje en la Edad Media (1981), donde lleva a cabo una exhaustiva
recopilación de pensadores de la época y sus reflexiones en torno al lenguaje -muchas de ellas,
según Beuchot, de gran adelanto-, Beuchot se detiene en la explicación del sistema tomista. En este
pasaje, ya se perfila la importancia de la analogía no sólo para la comprensión de la construcción
de oraciones y la predicación, sino además en su función filosófica posterior: las interpretaciones
que hacemos del mundo y de los textos son siempre proporcionales, algunas más justas que otras,
pero nunca definitivas, pues de lo contrario seríamos como Dios. Por tanto, la identidad que vemos
entre nuestro pensamiento, o interpretación, y el mundo, siempre es modal y relativa a las cosas
particulares, al igual que ocurre en la relación entre un sujeto y un predicado:
Esto puede verse tanto en las proposiciones que tienen predicado accidental como en las que
tienen predicado substancial. Un ejemplo de las primeras: ‘el hombre es blanco’, en ella se
designa que hombre y blanco son lo mismo en el ente individual y difieren en cuanto a la
noción o razón, pues una es la razón de hombre y otra la de blanco. Un ejemplo de las
segundas: ‘el hombre es animal’, en ella se designa que hombre y animal son lo mismo en el
ente individual y difieren en cuanto a la noción o razón, pues una es la razón de la naturaleza
sensible, por la que el hombre es animal, y otra la de la naturaleza racional. Así, el predicado
y el sujeto son lo mismo en el supuesto, pero siempre con diversa razón. (Beuchot, 1981: 101)
Según Beuchot, la analogía como concepto vertebral del acto interpretativo no sólo tiene, pues, una
aplicación lógica o retórica como se desprende de los ejemplos dados, sino que, al implicar la
metáfora o la metonimia, adquiere también un poder explicativo y comprensivo dentro de la propia
conformación de los discursos:
Si, como sostiene Jakobson, la metonimia es el origen de la ciencia y la metáfora el de la poesía,
en la analogía tenemos el espacio suficiente para interpretar lo científico y lo poético
respetando su especificidad, y hasta para encontrar algunos puntos en los que se toquen o
entrecrucen, de manera que, en cierta medida, y sin confusión, lo científico pueda
interpretarse poéticamente y lo poético científicamente. (Beuchot, 2023: 26)
Para ilustrar cómo se perfila, entonces, la hermenéutica analógica en su papel de arte y ciencia de
interpretar textos, Beuchot basa su argumentación en dos puntos: el primero, esbozado en
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diferentes obras, como en Hermenéutica analógica, historicidad y filosofía (2013), consiste en un
rastreo histórico de pensadores o corrientes que, según Beuchot, ya mostraban implícitamente en
sus posturas el empleo de una hermenéutica analógica (Aristóteles, Nietzsche, Cassirer, Vattimo);
el segundo, en la conveniencia metodológica de comprender el mundo analógicamente, como una
expresión de la tendencia innata del ser humano en conocer por medio de la semejanzas y
diferencias. De aquí que, como también expresó en una de sus conferencias,9 el objetivo de su
modelo es alcanzar, por medio de la analogía, el equilibrio hermenéutico que en otros momentos
de la historia algunos pensadores o vertientes han alcanzado:
La historia de la hermenéutica es larga. Sólo recordaré algunos hitos. En ella ha habido
tendencias univocistas y equivocistas, así como analógicas. Se trata de una pugna entre el
sentido literal y el sentido alegórico, en la que media un sentido analógico. Toda la historia de
la hermenéutica podría vertebrarse mediante la lucha entre literalistas y alegoristas y la
búsqueda de un terreno medio, analogista, que pocas veces se ha encontrado. (Beuchot, 2015:
129)
Así, Beuchot pasa de la parte teórica de su modelo a la parte aplicada, por lo que utiliza algunos
ejemplos históricos para brindar al lector una suerte de procedimiento interpretativo o guía de
comprensión. Uno de los ejemplos que escoge proviene de los documentos del teólogo español
Bartolomé de las Casas (1484-1556). Desde la perspectiva de Beuchot, en la Apologética historia
sumaria, donde el fraile denuncia y explica lo ocurrido durante la conquista en tierras mexicanas,
las narraciones se fundamentan directamente en la analogía, al transmitir el significado de los
rituales prehispánicos en términos de los católicos, aunque sin reducirlos absolutamente a estos, en
una equivalencia semántica cerrada.
Por lo tanto, De las Casas estaría aplicando, en cierto modo, la hermenéutica analógica:
Añade que la antropofagia era principalmente ritual, litúrgica, para unirse con sus dioses; y la
comparaba a la eucaristía cristiana. Con eso mostraba que estaban muy cercanos al Evangelio
[…]. De esta manera, a través de la comparación, señalaba las semejanzas en medio de las
diferencias, entre las dos culturas, para que los españoles pudieran comprender la cultura
indígena, que les resultaba tan distinta. Dicha comparación se basaba, pues, en la analogía,
que resaltaba los parecidos a pesar de las divergencias. (Beuchot, 2023: 46)
9 Se trata de una conferencia impartida en la Cátedra Diánoia, el 3 de septiembre de 2014 en el Instituto de
Investigaciones Filosóficas de la UNAM. Esta charla fue, además, la respuesta que dio Beuchot a las observaciones de
Gianni Vattimo sobre la hermenéutica analógica, durante este mismo evento. Asimismo, Axel Barceló, de quien me
ocuparé más adelante, presenta también una réplica a esta charla. La ponencia sería publicada en forma de texto.
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En conclusión, y aunque Beuchot no lo indica, parece ser que aquí entra en juego la analogía de
proporción, ya que ambas culturas son distintas en general, pero pueden comprenderse en cierta
proporción una con otra, tal como ocurre en toda forma de sincretismo.
Ahora bien, otro ejemplo empleado por Beuchot para mostrar la pertinencia metodológica de la
hermenéutica analógica es el referente a la esencia misma de la filosofía. Esta vez en el terreno de
la abstracción, Beuchot sostiene que se puede llegar a una definición aproximada y rigurosa, sin ser
apodíctica, de la naturaleza de la filosofía si se usa la analogía —se infiere que la analogía de
atribución—. Parte de la definición provisional de origen medievalde que la filosofía es la
ciencia de todas las cosas en sus causas más altas o últimas, en contraposición a las ciencias
particulares, que se encargan de las causas inmediatas o primeras. Usando el principio de analogía,
concluye que, si se toma como elemento jerárquico a la filosofía entre las ciencias por su mayor
estatus, entonces se puede decir, a su vez, que dentro de la filosofía la corriente más elevada sería
la metafísica, por lo que “es la que puede señalar el oficio de la filosofía en su grado más alto y, por
lo mismo, el más paradigmático o ejemplar” (Beuchot, 2023: 52).
Como puede apreciarse a partir de lo expuesto, Beuchot propone que las interpretaciones que se
hagan de los textos —esto es, en el amplio sentido de discursos sobre el mundo— se realicen
conforme al principio regulatorio de la analogía, la cual permite una cierta libertad exegética, pero
sin caer en lecturas dogmáticas. O, como lo expresa su autor, la analogía como eje vertebral de la
tarea hermenéutica, “privilegia la diferencia, pues ella predomina en la analogía por encima de la
identidad” (Beuchot, 2023: 54).
Ahora bien, para Beuchot, su modelo de hermenéutica analógica no sólo se muestra fructífero en
su propia área, esto es, en el terreno de la hermenéutica como reflexión filosófica de la comprensión
y herramienta de interpretación, sino también en corrientes como la epistemología, la ontología, la
educación o la filosofía de la ciencia.10 Por ejemplo, en Conocimiento e interpretación: la nueva
epistemología analógica (2022), Beuchot sostiene que el conocimiento humano es analógico, y que
necesariamente el mundo que conocemos es real, aunque de esa realidad solo obtengamos
aproximaciones en cada acto interpretativo. Para defender este argumento, Beuchot recurre al
realismo crítico de Maurizio Ferraris, Markus Gabriel y Quentin Meillassoux, pues ve en este una
10 Existen numerosas publicaciones de revistas latinoamericanas dedicadas a las múltiples aplicaciones de la
hermenéutica analógica de Beuchot. Un ejemplo de ello es el dossier México y América Latina: la hermenéutica
analógica de Mauricio Beuchot en diálogo Sur-Sur
,
de la revista
Wirapuru: Revista Latinoamericana de Estudios de
las Ideas
(2022)
,
a cargo de Gerardo Oviedo y Diana Alcalá Mendizábal: “La hermenéutica analógica, arte y ciencia
del análisis de textos y de la acción comprendida como un texto, proporciona un modelo de interpretación y
aplicación preocupado por resolver el dilema bifronte que asedia al pensamiento contemporáneo bajo el doble influjo
del subjetivismo y el objetivismo, y por el cual sucumbiera ante dos extremos: el relativista y el cientificista” (Oviedo
y Alcalá Mendizábal, 2022: 1).
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especie de realismo analógico, opuesto a lo que él denomina el “realismo unívoco de la
modernidad” (Beuchot, 2022: 7) y el “realismo equívoco de la posmodernidad relativista”
(Beuchot, 2022: 7).11
Asimismo, en Hermenéutica analógica y educación multicultural (2009) propone una educación
analógica, es decir, un esquema de enseñanza-aprendizaje en el cual se desarrolle la comunicación
entre distintas culturas a partir de la semejanza respetuosa y el juicio crítico, al tiempo que se
fomente el respeto y comprensión de los valores ajenos en analogía con los nuestros, pero sin reducir
su importancia o tergiversar sus diferencias específicas.
Algunas observaciones críticas en torno a la hermenéutica analógica
Hasta aquí, a grandes rasgos, la propuesta de hermenéutica analógica de Mauricio Beuchot. Como
puede observarse, se trata de una propuesta interesante que busca enfrentar el reduccionismo
dogmático y el relativista, por medio del concepto de analogía y la incorporación de elementos
procedentes de la tradición clásica y contemporánea de la hermenéutica. Para ello, Beuchot
intenta, en la medida de lo posible, llevar la reflexión hermenéutica a terrenos de aplicación
concreta, de modo que la aridez conceptual se torne útil en los casos específicos que suele citar en
sus obras, conciliando perspectivas que a menudo podrían parecer contradictorias. Así pues, la
flexibilidad y formalidad de la hermenéutica analógica constituye, sin duda, una alternativa
interesante y productiva en la interpretación de textos.
Sin embargo, como se mencionó al inicio de este trabajo, varios críticos han señalado
inconsistencias y debilidades argumentativas en las formulaciones de Beuchot a lo largo de sus
obras. Por lo tanto, se retomarán algunas de esas observaciones, así como también se agregarán otras
que pueden considerarse importantes dado su carácter ambiguo.
Uno de esos puntos relevantes consiste en el uso laxo que Beuchot hace de los conceptos
univocismo, cientificismo y positivismo. Tanto en sus textos como en sus conferencias, no siempre
queda claro en qué sentido preciso los está empleando. Si el univocismo es la tendencia general en
concebir un solo significado, claro y distinto, de los textos del mundo, de la realidad, entonces
ciertamente que el cientificismo y el positivismo comparten esa característica epistemológica. Sin
embargo, el problema radica en dos aspectos. Primero, que Beuchot muchas veces da por sentado
que toda forma de ciencia equivale a cientificismo, y que este, a su vez, es comparable en sentido
11 En otros textos, como en Epistemología de la hermenéutica analógica para los estudios sociales de la ciencia (2014),
Beuchot propone un realismo analógico-icónico como reemplazo del realismo unívoco del cientificismo y su modelo
de verdad como correspondencia y del realismo equívoco del relativismo y su modelo de verdad como des-cubrimiento.
En lugar de ello, Beuchot considera, basándose en el concepto de icono de Pierce, que la hermenéutica analógica
supone un realismo abierto a la interpretación, pero que, al mismo tiempo, es objetivo y verdadero, estableciendo
límites a los actos interpretativos individuales. En breve, atenderé algunas de las contradicciones implicadas en estos
argumentos.
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estricto a positivismo, lo cual es falso. Más bien, el positivismo es una especie de cientificismo, pero
no la única, como bien ha señalado Mariano Artigas (1938-2006), porque se trata de una variedad
de cientificismo que exalta la observación empírica y experimentable de la ciencia, en detrimento
del elemento teórico y especulativo, elemento que, de hecho, está presente como parte fundamental
de la ciencia auténtica:
El positivismo de Comte afirma que la ciencia positiva se limita a relacionar hechos
observables, evitando toda especulación metafísica y religiosa. De este modo, si bien se afirma
que la ciencia es la máxima expresión del conocimiento, se limita su alcance a establecer
relaciones entre fenómenos observables, algo que es demasiado pobre para dar una imagen de
la ciencia tal como existe en la realidad. De hecho, la ciencia experimental proporciona
muchos conocimientos sobre dimensiones de la realidad que se encuentran muy alejadas de
las posibilidades de observación. (Artigas, 2009: 38)
Por lo tanto, una cosa es la ciencia, entendida como “un tipo de conocimiento que nos lleva más
allá de la experiencia ordinaria, utilizando razonamientos, pruebas, demostraciones, que nos
permiten obtener conclusiones a las que no podríamos llegar de otro modo” (Artigas, 2009: 13);
otra, el cientificismo, comprendido como la pretensión generalizada de que el conocimiento
científico es el único valioso; y una más el positivismo, entendido como una corriente de
pensamiento que privilegia el aspecto empírico y pragmático de la empresa científica. Estas
distinciones conceptuales no suelen ser precisadas por Beuchot, quien, en muchas ocasiones,
pareciera concebir la ciencia en términos del positivismo decimonónico, lo cual no sólo resulta
anticuado, sino que distorsiona el verdadero sentido del quehacer científico, eminentemente
antidogmático.
Por ejemplo, en una conferencia dictada a propósito del nacimiento de Santo Tomás de Aquino en
la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), Beuchot observa que el ideal
univocista de la ciencia también ha sido puesto en crisis en la actualidad, pues incluso en la
disciplina formal por excelencia, la matemática, se realizan interpretaciones de las fórmulas en
función de diferentes escuelas, como la logicista o la intuicionista (Beuchot: 2020, 17m11s). Con
este caso, al parecer, el filósofo mexicano intenta demostrar que, si en un área tan abstracta y
rigurosa como la matemática tiene cabida la libertad interpretativa, entonces eso implica que, o
bien la verdad objetiva no existe, o bien puede alcanzarse por la convergencia de distintos caminos.
La conclusión que ofrece Beuchot a lo largo de esta charla es que existe una verdad objetiva y,
por lo tanto, de lo que se trata es de evitar los extremos en la interpretación (la explicación gida
del univocismo y la confusa libertad del equivocismo). Así pues, la hermenéutica analógica
cumpliría con estos requisitos, al situarse como una vía de comprensión equilibrada y racional.
No obstante, Beuchot pasa por alto algunos aspectos importantes en sus aseveraciones. En primer
lugar, que la interpretación no es un proceso exclusivo de las humanidades o las llamadas ciencias
sociales. En congruencia con lo que él mismo ha declarado en otros lugares (el ser humano es un
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ser que interpreta por naturaleza), el acto interpretativo, o valorativo, forma parte integral de la
actividad científica, aunque definitivamente esta no se encuentra restringida a aquel, sino que,
además, se apoya en evidencias empíricas, capacidad de predicción y suficiencia racional.
En segundo lugar, y tal como explica Mariano Artigas (2022) al referirse a las teorías científicas
más contemporáneas —la mecánica cuántica, por ejemplo, y sus diversas interpretaciones—,
siempre han existido diferentes posturas con relación al estado de la ciencia en sus épocas
específicas, pero ello no significa que su labor sea arbitraria, pues una cosa es la interpretación
interna o filosófica de la propia actividad científica, y otra distinta la lectura ideológica o
preconcebida de la misma.
Por tanto, aunque la crítica de Beuchot al cientificismo es legítima, también es cierto que su crítica
parece extenderse a la ciencia como un todo, omitiendo o infravalorando aspectos importantes,
como su progreso efectivo, debido a una concepción ideológica que se deriva de sus juicios sobre el
positivismo y el cientificismo decimonónicos. Como bien arguye Artigas:
Que se critique el cientificismo es lógico, puesto que se trata de una ideología pseudo-
científica que explota el prestigio de la ciencia para fines que nada tienen que ver con ella. El
cientificismo presenta una imagen deformada de la ciencia experimental, pues sólo así puede
afirmar el monopolio cognoscitivo de la ciencia. Pero con demasiada frecuencia la crítica del
cientificismo es inadecuada y confunde el cientificismo con la ciencia, haciendo recaer sobre
la ciencia una crítica que sólo debería extenderse al cientificismo. O se achaca a la ciencia una
crisis de valores que no se debe propiamente a la ciencia, sino a nuestra comprensión y
valoración de la misma. (Artigas, 2009: 107)
Ahora bien, aunque una buena parte de las observaciones de Beuchot sobre la naturaleza de la
verdad, el cientificismo y el univocismo parece derivarse, como se ha explicado, de una concepción
decimonónica de la ciencia, así como de su visión escolástica de la ontología y la hermenéutica,
también es cierto que hay aspectos de su propuesta que encuentran ecos significativos en los
debates epistemológicos contemporáneos, particularmente en relación con el realismo interno de
Hilary Putnam (1926-2016) y el pluralismo científico, impulsado por filósofos como Feyerabend
o Dupré. Dada la complejidad del debate, y los objetivos propios de este trabajo, aquí sólo
esbozarán algunos apuntes pertinentes en relación con la hermenéutica analógica de Beuchot.
Así, cuando Beuchot sostiene que, efectivamente, existe un mundo externo y una verdad objetiva,
pero que nuestras interpretaciones sólo son aproximaciones que se ajustan, en mayor o menor
medida, a ese mundo y a esa verdad en sí mismos, sin llegar nunca a una interpretación absoluta o
universal, claramente se posiciona como un realista. Sin embargo, a diferencia de los realistas
metafísicos, donde se encontraría colocado el realismo científico, el tipo de realismo implicado en
el pensamiento de Beuchot puede considerarse, a la luz de lo que se ha venido mostrando hasta
aquí, un realismo debilitado o, si se quiere, relativo.
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Esta paradoja epistemológica puede extrapolarse, aunque con precauciones, al llamado realismo
interno de Putnam. Según este filósofo, desde el siglo XVII con la revolución científica de Galileo,
el racionalismo cartesiano y el empirismo de Locke, la concepción realista de un mundo que existe
en mismo, con clara independencia de la mente que lo capta, ha marcado la historia de la filosofía
occidental; unas veces enfatizándose tajantemente esta dicotomía entre la separación mente-
mundo, otras matizándose, como en la filosofía kantiana, unas más sustituyendo un realismo por
otro, como en el caso del realismo científico en reemplazo del realismo cotidiano (Putnam, 1994).
Sin embargo, Putnam defiende la idea de que, si bien no se puede hablar de una realidad en
misma ni tampoco de una realidad superior obtenida a partir de las teorías científicas, resulta
razonable recuperar el contenido sano del realismo para enfrentar el dogmatismo del Realismo
metafísico (donde estarían el objetivismo científico y toda forma de realismo que implique una
realidad separada en ) y el relativismo cultural. En consecuencia, se trata de aceptar que se puede
hablar, razonablemente, de una verdad y un mundo objetivos, pero que, al mismo tiempo, nuestros
descubrimientos y adecuaciones de esa verdad y ese mundo no están separados de nuestros propios
esquemas conceptuales con los cuales los conocemos. Esta tentativa Putnam la denomina realismo
interno:
El realismo interno es, en el fondo, únicamente la insistencia en que el realismo no es
incompatible con la relatividad conceptual. Se puede ser al mismo tiempo un realista y un
relativista conceptual. El realismo (con una ‘r’ minúscula) ha sido ya introducido; como
decíamos, es la perspectiva que toma nuestro esquema del sentido común familiar, tanto como
nuestros esquemas científicos, artísticos y otros, en sentido literal, sin ayudarse de la noción
de la cosa ’en sí misma’. (Putnam: 1994, p. 61)
Como puede apreciarse, existe un cierto parecido entre las implicaciones epistemológicas de la
hermenéutica analógica de Beuchot y el realismo interno defendido por Putnam. No obstante, la
correspondencia entre ambos sólo se da a un cierto nivel de motivación y cercanía terminológica,
en sus intentos de reivindicar la pluralidad del pensamiento con la certeza de una realidad objetiva:
mientras que Putnam subraya, continuamente, que nuestro conocimiento de la realidad se da,
simultáneamente, con el conocimiento de nosotros mismos, de manera que no se encuentran
separados, Beuchot se muestra más ambiguo al respecto, porque nunca abandona completamente
la visión escolástica de la realidad, visión que, por un lado, afirma una separación entre las
sustancias distintas del pensamiento y la materia; y por otro lado, supone una Realidad absoluta
como fundamento de todo lo demás. En resumen, Beuchot se acerca al realismo interno de Putnam
en sus pretensiones, al igual que entra en diálogo con la concepción pluralista de las teorías
científicas al subrayar el papel abierto y heterogéneo de la hermenéutica. Sin embargo, su
argumentación parece descansar en la idea implícita de una realidad y una verdad separadas del
pensamiento, con todo y los ajustes conceptuales que hace para no caer en el dogmatismo realista
o el relativismo cultural.
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Otro punto que se puede considerar problemático en la propuesta filosófica de Beuchot es la
incorporación de una doble concepción de la verdad. Como explica el filósofo mexicano en La
hermenéutica analógica en la interdisciplinariedad de las ciencias humanas (2011), su modelo, al
basarse ontológicamente en un realismo icónico-analógico,12 echa mano de una peculiar
concepción de la verdad, concepción que no estaría situada ni en la tradición de la correspondencia
como en el realismo clásico ni en la inaugurada por Heidegger como revelación o des-ocultamiento,
más acorde con la posmodernidad. Según Beuchot, el concepto de verdad esgrimido por la
hermenéutica analógica se fundamenta en una correspondencia analógica, es decir, en la
aceptación de una parte equívoca en el ser humano (su historicidad), pero que no resulta suficiente
para constituir verdad alguna; y una parte unívoca (la razón), que dirige la búsqueda de una verdad
única, pero inalcanzable.
En medio de esta dialéctica, Beuchot afirma que su modelo analógico combina ambas tradiciones:
la de una verdad apodíctica representada en la línea de la correspondencia, y una verdad
apofántica, emparejada con la versión fenomenológica de Heidegger:
Pretender la pura correspondencia, o una correspondencia pura, tendría visos de univocidad,
y ésta es inalcanzable. La verdad como puro descubrimiento correría el peligro de la
equivocidad, pues estaría supeditada a los intereses e incluso caprichos del intérprete, que
podría ver, fenomenológicamente, diversos desencubrimientos como perspectivas
irreductibles. Pero una correspondencia o adecuación analógica basta para evitar la
pretensión de la univocidad, y además para frenar el vertiginoso remolino de las perspectivas
de la mostración, los contextos de descubrimiento, que pueden fugarse y fragmentarse,
dejándonos sin conocer la verdad del texto. (Beuchot: 2011, p. 141)
Aunque el argumento en su formulación general parece consecuente, tras un examen más detenido
se revela cierta extrañeza en su composición lógica. Si bien es cierto que este tipo de realismo
también necesita de una teoría de la verdad como correspondencia, pero sin caer en la adecuación
absoluta entre la conciencia y el mundo, toda vez que la dimensión histórica juega un papel
importante en la interpretación, no queda claro, sin embargo, de qué manera la concepción de la
verdad como des-ocultamiento se integra en la anterior, puesto que se tratan de dos posturas que,
en principio, se oponen entre sí. Si el criterio es que la concepción de la verdad como
correspondencia funciona tan sólo a tenor de principio regulativo, siendo la variabilidad de
contextos y situaciones históricas particulares las que contribuyan, en gran medida, a la
aceptabilidad o validez de una interpretación, entonces no parece congruente invocar el modelo
de la correspondencia, ya que no existe, en rigor, una realidad única que pueda conocerse, aunque
12 Y que se inspira, como ya mencioné anteriormente, en una de las variantes del llamado realismo crítico.
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se la suponga. Pareciera más que Beuchot defiende, de manera implícita, un cierto equivocismo
debilitado, pero simulado en el principio de la analogía.
Por tanto, y al igual que con el asunto del realismo, este punto también resulta problemático por el
intento de Beuchot de conciliar dos ontologías que, en principio, son distintas. Por un lado, en la
concepción de la verdad como correspondencia, sigue la línea aristotélico-tomista del ser como
identidad o adecuación del pensamiento, lo que significa que la interpretación se corresponde
fielmente con la realidad, aunque nunca la agote ni tampoco sea posible comprenderla
absolutamente. Por otro lado, la concepción de la verdad como des-ocultamiento o desvelamiento,
de clara impronta gadameriana y heideggeriana, insta a la pluralidad de las interpretaciones y de
sus respectivas verdades en tanto se descubren por nosotros mismos. Sin embargo, nuevamente, la
dificultad patente es entender, como en el caso del realismo, por qué echar mano de dos acepciones
ontológicas distintas, e incluso, inconmensurables, si basta, como Putnam lo ha realizado, con
precisar ambos conceptos.
Un punto más a destacar, tiene que ver con lo que ya Gustavo Ortiz Millán (1967-) ha señalado
con pertinencia: la extrañeza en contraponer una hermenéutica unívoca a una hermenéutica
equívoca. En efecto, si, como se ha mostrado anteriormente, el univocismo puede referirse, con
reservas, a la filosofía analítica y la primera fenomenología descriptiva de Husserl —aunque aquí
Beuchot tampoco hace la distinción—, no parece razonable llamar a este conjunto de corrientes
hermenéutica unívoca. Subraya Ortiz Millán al respecto:
En primer lugar, porque no se trata de dos hermenéuticas: como él mismo reconoce, la
hermenéutica univocista no es realmente una hermenéutica, porque donde hay un solo
significado no hace falta la interpretación. El debate de Beuchot no es con el univocismo, sino
con el relativismo que está detrás del equivocismo, y la cuestión importante para la
hermenéutica sería cuáles son los límites de la interpretación, los márgenes de la variabilidad
significativa: ¿es válida, digamos, cualquier interpretación de un texto que haga un lector
desde cualquier contexto a partir del cual lo lea? (Ortiz Millán, 2015: 157)
La conclusión de Ortiz Millán no solo es acertada, sino que también revela los problemas
argumentativos a que puede dar lugar un manejo impreciso de los conceptos. Además de lo
señalado, pretender hacer homogéneos movimientos y corrientes —por un lado, positivismo,
cientificismo, modernidad, filosofía analítica; por otro, posmodernismo, posmodernidad,
relativismo cultural, relativismo epistémico, deconstrucción— a partir de la dicotomía entre los
conceptos semióticos del univocismo y el equivocismo resulta arriesgado y reduccionista.
En relación con la falta de rigor y reduccionismo conceptual apuntados anteriormente, Axel
Barceló (1970-) hace un señalamiento importante: le reprocha a Beuchot lo arbitrario de asumir
una posición intermedia a partir de la simplificación y generalización de conceptos. Así, por
ejemplo, afirma que la tríada “univocismo, hermenéutica alegórica y hermenéutica analógica”
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(Barceló, 2015: 148),13 no resulta suficiente para un entendimiento adecuado del fenómeno de la
interpretación.
Y la principal razón de ello es que quien establece una posición intermedia, en este caso, la
hermenéutica analógica en contraposición a la unívoca y la equívoca, suele definir también
negativamente los extremos, incurriendo en falsas generalizaciones:
uno debe ser muy cuidadoso con posiciones que se definen como ‘intermedias’ o moderadas.
Siempre es fácil ocupar una posición intermedia cuando es uno el que define los extremos, es
decir, cuando los extremos son hombres de paja que construimos para que, en comparación
con ellos, nuestra posición se vea moderada. (Barceló, 2015: 148)
Por tanto, Barceló considera que el modelo hermenéutico de Beuchot no sólo no rompe con cierta
forma de univocismo objetivo, sino que, de hecho, sigue manteniendo un diálogo con la tradición
analítica de la filosofía del lenguaje, dado su énfasis en concebir el mundo como texto. En resumen,
Barceló piensa que más que una propuesta adicional, la teoría de Beuchot representa un intento de
enlazar estas dos tradiciones, de tender un puente entre la hermenéutica y la filosofía analítica.
Finalmente, conviene llamar la atención sobre el carácter mismo de la propuesta de Beuchot. Como
se indicó más arriba, pareciera que retoma elementos de diferentes concepciones sobre la
hermenéutica: para su definición vuelve la tradición clásica; en tanto que para la cuestión de su
estatuto se vale, en parte, de las reflexiones más contemporáneas de Heidegger, Gadamer, Ricoeur
y Lévinas, todo ello en comunicación también con otras áreas del conocimiento.
No obstante, y dado que su elemento distintivo sería el empleo del concepto de analogía —por lo
demás, a la manera escolástica de Tomás de Aquino—, Beuchot parece incurrir en contradicción
conceptual al tratar de conciliar la visión clásica de la hermenéutica como disciplina o método
auxiliar, y la hermenéutica como disciplina filosófica, perspectivas que, según el enfoque de este
trabajo, se muestran fundamentalmente irreconciliables, de modo que muchas veces sus
reflexiones adopten el cariz de manuales o preceptivas.
Del mismo parecer es Ortiz Millán cuando señala el doble carácter descriptivo-prescriptivo de la
analogía en Beuchot:
Si entendemos el carácter analógico de la hermenéutica de un modo descriptivo, y que la
hermenéutica filosófica, como quería Gadamer, debía ofrecer una fenomenología de la
comprensión y la interpretación, entonces me parece que centrarnos en la analogía nos daría
13 Como es habitual en Beuchot, el filósofo mexicano emplea distintas denominaciones terminológicas para expresar
sentidos aparentemente homogéneos. En este caso, univocismo equivale a hermenéutica unívoca (con todo y la
contradicción de que el mismo Beuchot es consciente), mientras que hermenéutica alegórica guarda identidad con
hermenéutica equivocista.
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una perspectiva incompleta del fenómeno de la comprensión [….]. Ahora bien, mi impresión
es que Beuchot vuelve a la idea de la vieja hermenéutica, del método de interpretación y
deja de lado la parte más filosófica de la fenomenología de la comprensión. (Ortiz Millán:
2015, p. 159)
Conclusión
Como se ha intentado mostrar, la hermenéutica analógica de Mauricio Beuchot es una propuesta
interesante y novedosa en cuanto a la formulación teórica y las intenciones prácticas que guían su
aplicación en el análisis concreto de textos. Beuchot se vale de la incorporación conceptual de la
tradición hermenéutica, especialmente de la perspectiva clásica y contemporánea, para elaborar su
modelo teórico, pero con la singularidad de incorporar el principio de la analogía como eje principal
del ejercicio interpretativo, con el objetivo de lograr escapar a los extremos de las lecturas
dogmáticas y aquellas que carecen de rigor.
Sin embargo, se ha expuesto también como muchas veces se incurre en imprecisiones o falta de
rigor en el empleo de conceptos, sobre todo en lo relativo a la caracterización del univocismo, el
equivocismo, el cientificismo y el positivismo; además de ciertas ambigüedades en cuanto al
carácter de su propuesta, donde no siempre queda clara la distinción, apuntada por Ortiz Millán,
entre una reflexión filosófica de la hermenéutica y un intento preceptivo o metodológico de la
misma.
Esta ambigüedad se torna visible, especialmente, cuando Beuchot intenta conciliar en la
interpretación un criterio racional y realista, con otro versátil y contextual, que dependa de las
condiciones y contextos históricos y culturales, pero que en realidad pueden prestarse a
dificultades de comprensión y precisión metódicas. Estas inconsistencias no invalidan,
ciertamente, la valiosa propuesta de Beuchot, pero pueden resultar útiles como un ejercicio de
clarificación conceptual y revisión filosófica de la misma, con el ánimo de mantener vivo el diálogo
y la retroalimentación crítica que, de suyo, pertenece a toda empresa auténticamente filosófica.
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