Protrepsis, Año 15, Número 29 (noviembre 2025 - abril 2026). www.protrepsis.cucsh.udg.mx
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Tal parece que, en la sociedad del cuento, estuvieran acostumbrados a vivir aquella violencia sin
nombrarla, evitándola, pero también donde a las víctimas no suelen tomarles importancia en su
discurso como denuncia, ya que son desconocidas en la sociedad que habitan y que no reconoce
tales brutalidades.
En Calibán y la bruja, Federici dice que las hogueras para la quema de brujas eran prácticas de
disciplina social: “podemos ver, efectivamente, que su desarrollo tuvo como premisas la homoge-
neización del comportamiento social y la construcción de un individuo prototípico al que se espe-
raba que todos se ajustasen” (Federici, 2004: 201). En tanto, la cacería de brujas constituyó, en
esencia, una forma de violencia sistemática orientada a debilitar el poder social de las mujeres.
Por otro lado, ¿cómo es la comunidad del cuento? ¿Es reprimida socialmente la queja ante el femi-
nicidio? ¿Son las emociones de las víctimas de violencia de género reprimidas socialmente? Pero,
también es interesante plantearse qué emociones son las permitidas dentro del cuento para aque-
llos que presencian a la chica del subterráneo. ¿Quiénes tienen derecho a quejarse? ¿Quiénes son
apreciados como vulnerables?
Para Marcela Lagarde: “La violencia de género, es decir, la violencia por el solo hecho de ser mujer,
sintetiza, además otras formas de violencia sexista, clasista, etaria, racista, ideológica, religiosa, iden-
titaria y política” (Lagarde, 2017: 358). La violencia de género mantiene a las mujeres en situación
de desventaja y desigualdad frente al mundo ya que contribuye a perpetuar una imagen desvalori-
zada y reduccionista de ellas atentando contra sus derechos humanos.
Otro aspecto a considerar es la impunidad que hay en la violencia y el feminicidio donde hay un
sesgo descalificador ante su testimonio que también las culpa de lo que padecen. Es la violencia a
lo largo de la historia un pacto patriarcal para conservar y monopolizar el poder entre los hombres.
Añade Marcela Lagarde:
El feminicidio sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales agresivas
y hostiles que atentan contra la integridad, el desarrollo, la salud, las libertades y la vida de las
mujeres. En el feminicidio concurren en tiempo y espacio, maltrato, abuso, vejaciones y daños
continuos contra mujeres realizados por conocidos o desconocidos, por violentos, violadores
y asesinos individuales y grupales, ocasionales o profesionales, que conducen a la muerte
cruel de algunas de las víctimas. (Lagarde, 2017: 361)
Butler se pregunta qué hace que una vida valga la pena para después hablar de un nosotros, esto es,
una comunidad. Todas las vidas se tienen que pensar como valiosas para que se hable de una so-
ciedad. Es la pérdida según la autora lo que reúne al nosotros: “la pérdida y la vulnerabilidad pare-
cen ser la consecuencia de nuestros cuerpos socialmente constituidos, sujetos a otros, amenazados
por la pérdida, expuestos a otros y susceptibles de violencia a causa de esta exposición” (Butler,
2006: 46).